Sivan Rahav Meir
En la Parashá de esta semana, aparece una famosa frase de Abraham:
“En este lugar no hay temor a Di’s, y me matarán”.
Él dice de manera directa y abiertamente que teme que los lugareños, personas sin temor a Di’s, simplemente lo maten.
Toda sociedad humana se basa en normas morales fundamentales que ha establecido para sí misma. Pero ¿será que estas normas son capaces de resistir a las grandes pruebas, a las fuertes tentaciones del estatus social, el control, el poder y el dinero? La historia y la experiencia personal nos enseñan una y otra vez que la respuesta es no. Cuando la moral depende sólo de nosotros, de los seres humanos, la misma es frágil.
Los seres humanos son propensos a cambiar las normas y definiciones de lo que es bueno y malo, prohibido y permitido, según lo que les convenga o les plazca en ese momento.
Y si se les permite hacerlo y nadie lo sabe ni los castiga, también cometerán actos muy graves, como matar a Abraham para tomar a su esposa.
El rabino Abraham Itzhak HaCohen Kook llama a nuestra limitada moral humana de “moralidad débil”. Para construir una sociedad que se fortalezca, en términos de valores, escribe que necesitamos de la moral divina: del temor a Di’s. Debemos pensar en lo que Di’s piensa de nuestras acciones, y no sólo en lo que yo pienso o lo que dirán los demás. Quien teme a Di’s no doblega las reglas según su conveniencia; sabe que hay un ojo que ve y un oído que oye. Sabe que existe la verdad absoluta. Quien teme a Di’s está comprometido con un sistema eterno de reglas que no depende únicamente de él ni de su perspectiva limitada.
Esto es lo que nuestro antepasado Abraham comienza a enseñarnos en la Parashá. Esto es lo que cada uno de nosotros necesita aprender hasta el día de hoy.
Que tengamos el mérito de tener verdadero temor a Di’s.
















