Sivan Rahav Meir
“¿Quién eres y dónde eres emisario?”. Así comenzaban todas las conversaciones aquí, esta semana en Nueva York, en la conferencia mundial de emisarios del movimiento Jabad.
Luego llegaban las respuestas: Mendy, emisario en Tailandia. Yossi, emisario en Tel Aviv. Shmuel, emisario en Siberia. Después de un tiempo, casi sin darme cuenta, me dirigía a los demás de esa manera.
Pero tal vez esto no sea un error. Todos necesitamos hacernos esta misma pregunta: ¿Quién soy y dónde soy emisario? Todos somos emisarios.
Una madre que ahora prepara sándwiches para sus hijos para la escuela tiene una misión, al igual que un agricultor que ahora trabaja en el campo. En cada pequeño acto del día, se puede sentir esto. Todos fuimos enviados a este mundo, un alma dentro de un cuerpo, cada uno con su propia misión especial, designada por Di’s, en las circunstancias de la vida.
Muchos concluyen esta convención anual con admiración por el movimiento Jabad. Pero la gran innovación del Rebe de Lubavitch, creador del movimiento de emisarios, reside en el concepto mismo de la shlijut – de tener una misión. Este concepto no se limita a los 6.500 emisarios de Jabad que se reúnen para la foto grupal, sino que todo aquel que ve la foto debería preguntarse: ¿Quién soy yo y dónde soy un emisario?
















