Sivan Rahav Meir
¿Prestamos atención a las personas silenciosas, dedicadas y perseverantes? Hay que admitir que la vida de Itjzak, nuestro Patriarca, nos parece mucho menos dramática que la de Abraham. Abraham fue un revolucionario que se rebeló contra la idolatría y comenzó a establecer el judaísmo. En contraste, su hijo Itzjak no se rebeló, y ésta fue su mayor rebeldía: simplemente continuar por el camino trazado por su padre.
Parashat Toldot, que se leerá este próximo Shabat trata sobre la historia de Itzjak. Trata de la segunda generación, la cual no busca el drama, sino que trabaja, se esfuerza y simplemente hace lo necesario, una vez más.
Ya que también debemos saludar a los que perseveran. No a los innovadores, sino a los tenaces. No a los pioneros, sino a la segunda generación. ¡Qué monótono y aburrido consideramos que es continuar lo que comenzaron nuestros padres! Cuan poco brillo hay en recorrer el mismo camino, profundizar en él y encontrarle sentido, descubrir la novedad en tu interior y no en el exterior.
Ésta es una regla profunda e importante en el estudio de la Torá, en la crianza de los hijos, en las relaciones y en cualquier ámbito: sin que haya constancia, determinación y profundidad, es imposible construir algo duradero.
Es cierto que todos los comienzos son difíciles, y se suele hablar mucho de los principiantes, pero toda continuidad también lo es, y suele recibir mucha menos atención de nuestra parte.
Así que busca a las personas perseverantes a tu alrededor, y quizás también observa las facetas más rutinarias y menos brillantes de tu vida ya que vale la pena admirarlas de nuevo de vez en cuando.
















