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¿Qué siente una persona sorda y ciega en el Kótel?

¿Qué siente una persona sorda y ciega en el Kótel?

La porción diaria

Sivan Rahav Meir

Hace unos días llegué al Kótel – al Muro de los Lamentos. Cuando fui a rezar cerca de las piedras, vi a una mujer que literalmente se echaba sobre el Muro y luego era ayudada por otra a levantarse y dar algunos pasos hacia atrás. A mi alrededor vi a varias mujeres más así.

Una de las guías que las acompañaba, Amianne Kalmer, me explicó en inglés: “Ésta es la primera delegación de personas sordociegas que vienen visitar Israel. Todos los miembros de este grupo no pueden ver ni oír, pero sienten. Sienten con mucha intensidad, quizás más que nosotros”.

Fue asombroso observarlas. El Rabino Yehoshua Sudkoff, emisario de Jabad ante la comunidad de gente sorda, reunió al grupo para continuar hacia la siguiente parada, y la guía Amianne continuó explicándome: “Estuvimos en el mercado de Majané Yehúda y desde aquí continuaremos hacia el sitio donde se llevó a cabo el Festival de Nova. Podríamos pensar ¿qué sentido tendría llevarlos allí si no pueden ver ni oír? Pero este viaje me enseñó cuán importante es la mera presencia física de una persona en un lugar determinado. Hay un significado en el hecho de que ellos están aquí. Este viaje les hizo sentir que no están al margen. Que tienen un lugar en el pueblo judío, que son parte de algo más grande que ellos mismos.

La experiencia no ha sido sólo de ellos, sino de todos los que conocieron en Israel. De repente, me di cuenta de que ellos tienen una misión. Los camareros, la gente de la calle, los trabajadores de los hoteles, todos se detuvieron y preguntaron. El conductor del autobús que nos llevó dijo que nunca había tenido una experiencia así en su vida”. Erin Ross, una de las participantes, publicó en Facebook un resumen de su experiencia: “Hay dos cosas en mi vida que siempre me han avergonzado. Una es que soy sorda y que, además, estoy perdiendo la vista gradualmente. Y la otra, que soy judía. Siempre he intentado ocultar ambas cosas, negarlas, ignorarlas. Pero ya no más. Visité Israel por primera vez con una delegación de personas sordo-ciegas, y a partir de ahora me siento orgullosa de ello”.

Gracias por este encuentro inesperado, que nos enseña cosas que están más allá de los sentidos, más allá de lo que vemos y oímos físicamente.

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