Sivan Rahav Meir
Hay una famosa compañía sueca que se llama Ikea que vende muebles que son armados por el cliente. ¿Has oído hablar del “efecto Ikea”? Si nosotros mismos armamos un objeto o un mueble que compramos, nos sentimos más conectados con él, debido al esfuerzo personal que hemos invertido en armarlo. Un producto ya listo, que simplemente se saca de una caja, no despierta este mismo sentimiento, esta sensación.
Esta semana terminamos de leer el libro de Shemot, el libro del Éxodo. Las Parashiot de Vayakhel y Pekudei, que cierran este libro, tratan sobre la construcción del Tabernáculo -del Mishkán. El rabino profesor Jonathan Sacks explicó que, así como existe el “efecto Ikea”, también se puede hablar del “efecto del Mishkán”.
Al pueblo de Israel se le pidió hacer, ensamblar, contribuir y trabajar para construir un centro espiritual que los acompañaría en el desierto. Pero ¿por qué? Si Di’s es capaz de partir el Mar Rojo y traer las Diez Plagas a Egipto, ¿por qué hacernos trabajar tan duro? La respuesta es que ésta es la forma de volvernos más activos y comprometidos. No sólo esperar que el Maná caiga del cielo, sino que nosotros mismos actuemos en la realidad. A lo largo del libro del Éxodo, los milagros fueron reemplazados por acciones. Di’s nos quiere como socios.
Los niños cuyos padres no les hacen las tareas, sino que les enseñan a esforzarse y a empeñarse en hacerlas, se sentirán más conectados con el material de estudio. Los niños que ayuden en estos días a limpiar la casa para Pésaj se sentirán más conectados con la noche del Séder de Pésaj. Hay muchos ejemplos más como estos, y cada persona puede buscarlos en su propia vida.
Las Parashiot que cierran el libro del Éxodo nos recuerdan: el mayor obsequio que se puede dar una otra persona no es darle un regalo, sino darle una misión significativa.
¡Que sea con mucho éxito!
















