La fiscalía israelí ha imputado a dos técnicos de la Fuerza Aérea israelí acusados de espiar para Irán. Según la emisora pública israelí KAN News, los sospechosos, ambos destinados en la base aérea de Tel Nof, habrían filtrado material clasificado durante la “Operación León Rugiente”. Los dos trabajaban con cazas F-15, entre los aviones más avanzados de Israel, y se sospecha que entregaron esquemas confidenciales de motores junto con imágenes prohibidas de un instructor de vuelo, en violación de las estrictas normas de censura militar.
Según los investigadores, a ambos también se les encomendó la tarea de recopilar información sobre altos cargos israelíes, entre ellos el exjefe del Estado Mayor de las FDI, Herzi Halevi, y el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir.
Las autoridades están sopesando la posibilidad de elevar los cargos contra uno de los sospechosos de espionaje a traición, un delito mucho más grave según la ley israelí. El caso se está gestionando en coordinación con el Shin Bet, que ha desempeñado un papel fundamental en los interrogatorios y la evaluación de los daños.
Las repercusiones parecen ir más allá de los dos principales sospechosos. Hasta ocho soldados más de la base están siendo investigados por presuntamente tener conocimiento de la actividad y no haberla denunciado.
Inmediatamente después del incidente, el comandante de la base —un general de brigada cuya identidad permanece clasificada— convocó al personal para una reunión informativa de seguridad urgente. Durante la sesión, reveló que el Shin Bet lo había citado para dar explicaciones sobre el suceso, lo que demuestra la seriedad con la que las autoridades israelíes están tratando la brecha.
















