Sivan Rahav Meir
Hemos terminado. Las dos Parashiot de la Torá que se leerán este Shabat —“Behar” y “Bejukotai”— son las últimas del libro de Vaikrá, el libro de Levítico.
Entonces, ¿qué hemos recorrido juntos en este libro? Diez Parashiot, con 859 versículos. Hemos tratado de la construcción del Tabernáculo, el centro espiritual del pueblo en el desierto, y de las leyes de los sacrificios. Al igual que de la agricultura y del mercado laboral, de la difamación y el chisme, de la muerte y el nacimiento, del Shabat y las festividades, de la pareja y la educación, y mucho más.
Algunas cosas siguen siendo relevantes y urgentes como, por ejemplo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, la esencia del libro de Levítico, y otras cosas parecen lejanas, y hasta son difíciles de comprender. Nos encontramos, una y otra vez, con una palabra que a veces, en el año de 2026, es bastante difícil de explicar: santidad. El libro de Levítico presenta un mundo en el que existe lo sagrado y también lo impuro; hay bien y mal, hay lo prohibido y lo permitido. Un libro de límites, un libro de leyes y de acción.
Levítico no es un libro fácil. El escritor judío-estadounidense Herman Wouk, ganador del Premio Pulitzer, escribió una vez que, si la Biblia se convirtiera en una novela con trama, el libro de Levítico quedaría por fuera.
Es verdad: es más fascinante leer el libro del Génesis, con las historias de los patriarcas, o el libro del Éxodo, sobre la salida de Egipto. El libro de Levítico es desafiante. Precisamente por eso es un testimonio de fidelidad, de vínculo, de conexión. El sábado por la mañana, en el mundo entero, se concluirá su lectura para continuar con el libro de Bamidbar, el libro de Números. Es costumbre proclamar al finalizar un libro de la Torá, tres palabras de fortalecimiento: “¡Sé fuerte, sé fuerte y fortalezcámonos!”. Amén.
Shabat Shalom















