El Instituto de la Paz de los Estados Unidos (United States Institute of Peace), con sede en la ciudad de Washington, fue escenario, ayer, de un emotivo e inédito acto en memoria de las 85 víctimas del atentado perpetrado el 18 de julio de 1994 contra la sede de la AMIA, crimen planificado por el régimen iraní y ejecutado por Hezbollah, tal como lo determinó la Justicia argentina.
Por primera vez en su historia, esta prestigiosa institución dedicada a la resolución pacífica de conflictos a nivel mundial abrió sus puertas para rendir homenaje a las víctimas de este ataque, marcando así un hito en el reclamo global de justicia. El acto inauguró las acciones institucionales de memoria previas al 32° aniversario de la masacre terrorista, que aún permanece impune.
El encuentro fue organizado en forma conjunta por la Embajada Argentina en los Estados Unidos, el Departamento de Estado norteamericano, el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de ese país y la AMIA, y contó con la presencia del embajador argentino Alejandro Oxenford, congresistas, diplomáticos y representantes del American Jewish Committee (AJC).
Al momento de compartir su discurso, el embajador Oxenford recordó que el año pasado el Congreso argentino aprobó una ley que permitirá, para el caso AMIA, la realización del juicio en ausencia, “para que los prófugos ya no puedan eludir la justicia simplemente negándose a comparecer”.
“Sobre esa base –resaltó- un tribunal argentino ordenó que los diez acusados sean sometidos a juicio: hombres que permanecen bajo circulares rojas de Interpol desde 2006 y que durante demasiado tiempo han recorrido el mundo con impunidad”.
“La Argentina le pide algo concreto al mundo: que esas notificaciones signifiquen realmente lo que dicen; que estos prófugos no encuentren refugio seguro en ningún lugar; y que ningún gobierno trate el asesinato de ochenta y cinco personas como una mera incomodidad diplomática que debe administrarse”, concluyó el embajador argentino en Estados Unidos.

Por su parte, el presidente de la AMIA, Osvaldo Armoza, subrayó el carácter global de la amenaza terrorista: “El atentado a la AMIA no fue ni es un problema solamente argentino. Es un capítulo de una amenaza global que nos involucra a todos. El enemigo que golpeó en Buenos Aires en 1994, y que ya lo había hecho en 1992, es el mismo que golpeó en Nueva York, en Madrid, en París, en Niza, en Londres y en Israel, por mencionar sólo algunos lugares”. Armoza enfatizó además que “la presión internacional no es un recurso secundario: es una condición indispensable”, y que “cada declaración, cada resolución y cada gesto diplomático importan”.
En el homenaje, los organizadores destacaron el compromiso del congresista Brian Mast, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, para la realización de la conmemoración.
El acto también contó con las palabras del embajador Gregory LoGerfo, responsable de los esfuerzos antiterroristas del Departamento de Estado. En su intervención, condenó la impunidad que persiste en torno a estos crímenes y reflexionó sobre los valores que el terrorismo busca destruir, así como el daño que provoca en el tejido de cada sociedad que golpea.
También tomó la palabra Reed Rubinstein, asesor legal del Departamento de Estado, quien destacó el compromiso de la Argentina en la lucha contra el terrorismo y subrayó la estrecha coincidencia de visiones entre ambos países en la determinación de combatir y erradicar este flagelo.
A su turno, Daniel Pomerantz, director ejecutivo de la AMIA y sobreviviente de la bomba que explotó en la AMIA el 18 de julio de 1994, expresó su agradecimiento por la oportunidad de que, a través de su testimonio, pudiera escucharse la voz de las víctimas: “la de los familiares que perdieron a un ser querido, la de quienes sobrevivieron al horror con heridas en el cuerpo y en el alma, como también la de aquellos que, años después, debieron atravesar experiencias traumáticas similares en Washington, Nueva York y muchos otros lugares del mundo”, señaló.
Tras el minuto de silencio que se realizó en la conmemoración en honor a las personas asesinadas el 18 de julio de 1994, mientras se levantaban las pancartas con las fotos de las víctimas fatales, se vivió otro emotivo momento cuando el embajador Yehuda Kaploun, enviado especial para el monitoreo y combate del antisemitismo, compartió la historia de Sebastián Barrientos (5 años), la víctima fatal más joven de la masacre contra la AMIA, como símbolo de la irracionalidad y atrocidad del accionar terrorista.
Arte y Memoria: homenaje en Washington a través del arte
En el marco del acto realizado en Washington, y en la sede de la Embajada Argentina en Estados Unidos, fue descubierta la obra Recordar, del artista Alejandro Thornton. Realizada en acero inoxidable, la pieza incluye versiones en castellano e inglés de la frase “Lo que no se recuerda, muere; y lo que se recuerda, nunca muere”, junto a la nómina completa de las 85 víctimas fatales.
La misma obra ya fue emplazada, anteriormente, en la sede de la embajada argentina en Israel, y en el Consulado Argentino de Nueva York.
La iniciativa da continuidad al proyecto Arte y Memoria – 30 años, llevado a cabo en 2024 a través de su departamento de Arte y Producción de AMIA, cuando 30 embajadas argentinas instalaron obras artísticas en distintas ciudades del mundo en recuerdo de cada una de las personas asesinadas.
Asimismo, fue inaugurada oficialmente ayer, en la sede de la embajada Argentina en Washington, la muestra Re Memoria, integrada por 85 retratos en acuarela del artista Marcos Acosta, realizados a partir de imágenes de archivo y fotografías aportadas por los propios familiares de las víctimas. Cada obra lleva el nombre y la edad que tenía la persona al momento de su muerte. La muestra podrá visitarse en el edificio de la Embajada hasta el 20 de julio próximo.
















