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Un viaje de cambio y fe

Un viaje de cambio y fe

Sivan Rahav Meir

Comparto esta idea cada año, cuando comenzamos a leer en la Torá el libro de Debarim, el libro de Deuteronomio. Y cada vez vuelvo a recibir mensajes de personas que justamente necesitaban escuchar estas palabras.

El libro de Debarim, que comenzaremos a leer este sábado por la mañana en todas las sinagogas del mundo judío, comienza así:

“Éstas son las palabras que Moisés dirigió a todo Israel” (Deberim 1:1)

Este libro está compuesto íntegramente por las palabras que Moisés pronuncia en su discurso de despedida al pueblo de Israel. Sin embargo, el primer encuentro de Moisés con Di’s fue muy diferente. Moisés rechaza la misión y no quiere asumir el liderazgo. Dice que es “torpe de palabra y torpe de lengua”, y declara:

“Yo no soy un hombre de palabras.”

¿Qué ocurrió aquí? Al principio dice: “No soy un hombre de palabras”, y al final leemos: “Éstas son las palabras”. Aquel hombre que era considerado tartamudo se despide de nosotros con un discurso largo, inspirador y cautivador.

Nuestros sabios explican que nuestra identidad no está determinada por nuestro punto de partida, sino por nuestra misión. Las limitaciones no son el punto final, no son el final de la historia. Moisés recibió una misión divina, una tarea trascendental: conducir al pueblo de Israel fuera de Egipto, enseñarles la Torá y guiarlos hacia la Tierra de Israel. Así llegó a convertirse en un líder, un profeta y un maestro.

Cada persona puede mirarse a sí misma y a quienes la rodean con una mirada llena de esperanza y de fe como ésta. No te definas por lo que alguna vez dijiste de ti mismo. Di’s, de seguro, no te define a ti de esta manera.

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