Sivan Rahav Meir
Hay un contrato de arrendamiento sobre la tierra de Israel. La porción de la Torá de esta semana, Parashat Ekev, que leeremos este Shabat, comienza con una declaración clara:
“Será a consecuencia de que ustedes obedezcan estas leyes, las cuiden y las cumplan, entonces el Señor, tu Di’s, cumplirá contigo el pacto y la benevolencia que juró a tus padres.”
Después vienen otras maravillosas promesas de seguridad y paz, de fortaleza y prosperidad, de grandes logros tanto en el ámbito espiritual como en el material. Pero todo esto ocurrirá solo si escuchamos y cumplimos los mandamientos.
Hay normas de conducta para vivir en este lugar. Existe la Torá y existen los mandamientos. Bienvenidos sean a la Tierra de Israel; por favor, compórtense de acuerdo con ellos.
De hecho, todo el libro de Debarim, que es el largo discurso de despedida de Moisés, transmite este mismo mensaje: “Yo no tendré el privilegio de entrar en la Tierra”, nos dice Moisés, “pero ustedes sí. Por eso, no olviden todo lo que les he enseñado: el Éxodo de Egipto, la entrega de la Torá y el hecho de que ustedes no sólo reciben un refugio físico, sino un lugar donde poner en práctica todos estos valores que les enseñé”.
Uno de los mayores peligros que esta Parashá señala es la actitud de soberbia y la arrogancia: “Y dirás en tu corazón: ‘Mi fuerza y el poder de mi mano me han dado esta riqueza’.”
Hay que cuidarse de esta actitud, de esta forma de pensar y actuar con humildad y recordar que no somos nosotros quienes dirigimos el mundo. ¿Quién lo dirige? La Parashá nos muestra el camino: “Y recordarás al Señor, tu Di’s, ya que es Él quien te da la fuerza para alcanzar el éxito.”
Aunque estamos en las vacaciones de verano, esta Parashá nos deja bastantes tareas para hacer.
Hablamos mucho de “nuestro derecho sobre esta tierra”, pero esta Parashá nos recuerda que también tenemos “nuestro deber hacia esta tierra”.
Que tengamos el mérito de vivir de acuerdo con ello.
Shabat Shalom
















