Sivan Rahav Meir
En los últimos años, ha sido precisamente la oscuridad la que nos hace recordar la luz:
Esta semana estuve en Estados Unidos y lo vi con mis propios ojos. En el salón de la casa de la familia Davis, en Filadelfia, se reunieron, el viernes al mediodía, decenas de mujeres.
Era un encuentro, antes del último Shabat del año, de Hafrashat Jalá -o sea, la preparación y separación de una porción de la masa de pan, la Jalá- que se prepara y come cada Shabat.
Resulta que, desde el 7 de octubre, todos los viernes se reúnen así en la casa de la Rabanit Gevurah Davis. Allí llegan mujeres que antes ni siquiera sabían qué era la separación de la Jalá. Ahora, cada semana, alguna de ellas habla sobre la situación y sobre la Parashá -la porción de la Torá de la semana-; después rezan juntas, cantan y regresan a sus hogares con una Jalá caliente y aromática para Shabat.
Las Jalot que sobran son repartidas entre familias judías que están un poco menos conectadas con la religión. Algunas de ellas, al ser parte de este círculo social, inclusive ya visitaron Israel por primera vez, en una delegación de solidaridad.
El sábado por la noche, justo antes de una conferencia en el Centro Altneï de Nueva York, hablé con el público que había llegado allí. Es un centro comunitario fundado por la joven pareja, compuesta por el rabino Binyamin Goldschmidt y su esposa Avital, en el Upper East Side de Manhattan.
El lugar lleva el nombre del “Altneuschul” de Praga y reúne la idea de lo antiguo y lo nuevo. Cientos de solteros y familias acuden a este lugar lleno de vida, y después de mi conferencia se celebraron allí las oraciones de Selijot de la noche del sábado.
Conocí a jóvenes que estaban participando por primera vez en un evento de este tipo. Le pregunté a Jennifer por qué había venido por primera vez en su vida a rezar las oraciones de Selijot. “¿Por qué vine?”, me respondió con firmeza: “Por culpa de mi alcalde”.
Es decir, Zohran Mamdani, el alcalde musulmán de Nueva York, que afirma que Israel practica el apartheid y apoya el BDS, está haciendo que Jennifer se recuerde por primera vez quién es ella.
La oscuridad tiene un papel en el mundo: recordarnos que debemos ser luz.
















