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Cuando sonríes…

Cuando sonríes…

Rabino David Goldwasser

“Y Hevel también trajo de los primogénitos de sus rebaños, y de los más gordos, y el Señor se volvió hacia Hevel y hacia su ofrenda” (Génesis 4:4).

Hevel presentó una ofrenda de lo mejor de sus rebaños, la cual fue aceptada por Hashem. Siendo así, ¿por qué se decretó su muerte?

El Kli Yakar explica que hubo un decreto de muerte porque él no había sido inspirado por sí mismo para traer el sacrificio, como dice el versículo: “él también trajo…”. Cuando vio a Kayin traer una ofrenda, hizo lo mismo.

Sin embargo, esto es difícil de entender. ¿Acaso una persona merece la muerte sólo porque no se inspiró por sí misma, sino que aprendió de otra persona?

El rabino Eliyahu Baruj Finkel afirma que los pensamientos de Kayin y Hevel eran completamente diferentes a los nuestros. Kayin y Hevel vivían en el palacio del rey. Estuvieron presentes en la creación del mundo perfecto. En su mundo, las expectativas eran mucho más altas. Uno podía incurrir en la pena de muerte incluso por la más mínima falta.

El Ari cita el Zohar, según el cual Hevel fue castigado con la muerte porque su acto lo elevó a un nivel espiritual tan alto que pudo contemplar la gloria de Hashem. Con tal nivel de exaltación, cualquier error que cometiera justificaba su muerte.

Existe un comentario adicional del Gur Aryeh, citado por R’ Goel Elkarif, quien dice que Hevel fue responsable porque vio que Kayin estaba abatido cuando Hashem no aceptó su ofrenda, como dice (Bereishit 4:5), “y Kayin se enojó mucho”, pero Hevel apartó la mirada para evitar ver el dolor de su hermano y no se preocupó por su miseria.

Vio que su hermano sufría. ¿Cómo podía darle la espalda a Kayin en un momento así? ¿Por qué no intentó al menos aliviar su angustia?

Compárese esto con las características de Hashem. Cuando Hashem rechazó la ofrenda de Kayin y éste se enojó, Hashem le preguntó: “¿Por qué estás tan enojado y por qué tienes el semblante triste?”. Sólo después de eso le habló a Kayin sobre el arrepentimiento. Hevel, en cambio, no hizo nada para aliviar la carga de su hermano, y por esta falta mereció la muerte.

De igual modo, encontramos que una falla en el carácter de los 24.000 discípulos de Rabí Akiva -que no se honraron mutuamente- causó su trágica muerte. Si existe una falta de perfección en los rasgos del carácter humano, entonces perdemos el mérito de que el mundo continúe.

El libro Ramosayim Tzofim, sobre la obra midráshica Tanna Dvei Eliyahu, citando a R’ Simja Bunim de Peshischa, afirma que, si uno saluda a su amigo con una expresión facial agradable, tendrá éxito ese día en sus negocios. Si uno desea prosperar en su sustento, debe sonreír a la siguiente persona y saludarla cordialmente.

El rabino Jaim Brim comenta que la mayor petición del pueblo judío es la que hacemos en la oración después de las comidas: “Que Él sea glorificado por medio de nosotros por toda la eternidad”. ¿Cómo se glorifica a Hashem? Cuando se regocija con sus obras (Salmos 104:31). EnDivrei HaYamim (1, 16:27) se dice: “Hay poder y alegría en su lugar”, lo que significa que en el lugar de Hashem siempre hay alegría y fortaleza.

El Kli Yakar señala que sólo hay un pasaje en toda la Torá (Génesis 6:5-6) donde los sentimientos de Hashem se expresan de manera tan intensa. Hashem es, de hecho, la fuente de alegría en el mundo. Sin embargo, cuando los atributos del carácter de la gente de esta generación se corrompen, Él se disgusta.

Al final de Shemoneh Esrei, pedimos a Hashem una larga lista de diferentes tipos de bendiciones. Uno puede merecer tal bendición cuando muestra un semblante agradable a los demás. De hecho, el rabino Jaim Kanievsky comentó que oramos por shiddujim en Bircat Kohanim. Allí dice: “Que Hashem ilumine Su rostro para ti”. Cuando hay un rostro radiante, entonces hay jen (una mirada favorable), y se crea un shidduj. El futuro hogar del pueblo judío depende de un rostro radiante.

Un judío estadounidense se mudó al barrio de Bait Vegan en Eretz Israel. Como recién llegado, comprensiblemente, no conocía en absoluto la zona.

Pocos días después de mudarse, uno de los jóvenes que vivía cerca se acercó y le dio una cálida bienvenida al vecindario. Le entregó una lista de todas las sinagogas de Bait Vegan. La lista contenía toda la información pertinente: los horarios de los minyanim, las clases que se impartían en cada sinagoga, el calendario de las clases y el tema que trataba cada una.

El recién llegado no podía creerlo. Quedó impresionado por la generosidad y el altruismo de aquel joven, que había elaborado una lista tan detallada. Fue el gesto más útil que jamás le habían hecho.

Pasó el tiempo y el judío se sentía cómodo en su nuevo hogar. El joven que había sido tan amable y servicial enfermó y necesitaba viajar a Estados Unidos para someterse a un procedimiento especial. Los askanim recolectaron fondos para cubrir los gastos médicos y los boletos. Entonces se corrió la voz de que aún les faltaba la cantidad total necesaria. El estadounidense se dio cuenta de que el joven enfermo no era otro que la persona que le había dado una cálida bienvenida cuando se instaló en el vecindario, e inmediatamente aportó el resto de los fondos que les faltaban a los askanim.

La amabilidad y hospitalidad del joven habían sido completamente al servicio del Señor, y ciertamente nunca había buscado recompensa alguna. Pero a quien muestra un rostro radiante a los demás, el Señor le concede también un rostro radiante.

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