728 x 90

El Rav Kook, de primera mano

El Rav Kook, de primera mano

Sivan Rahav Meir 

Hace unos años, cuando estaba en una gira de conferencias en Memphis, pedí conocerlo. Me dijeron que era una de las últimas personas que había conocido al Rav Avraham Yitzchak HaCohen Kook, que vivía en la ciudad, y todavía podía compartir algunas historias sobre él. Y así que tuve el privilegio de sentarme frente al Rav Neta Greenblatt, de 96 años, estudioso de Torá y escuchar de primera mano todas las vivencias del encuentro con el gran líder espiritual: Cuando era un niño pequeño, estaba enfermo y su padre lo llevó al Rav Kook para que recibiera una bendición. El recuerda al Rav parado con un talit y tefilín, mirándolo profundamente a los ojos y bendiciéndolo para que fuera un estudioso de la Torá y tuviera largos años de vida. “Se llevó a cabo la segunda bendición”, sonrió, “espero que la primera también…” 

Su rostro se iluminó con una luz especial mientras recordaba las lecciones de Torá del Rav Kook, la festividad de Shavuot cuando el rabino enseñaba Torá sin parar, desde las once de la noche hasta las cuatro de la mañana, la caminata con él hasta el Muro Occidental a pie con cientos de personas, el hebreo especial que hablaba el Rav Kook y sus actividades públicas para el Pueblo Judío. 

Inclusive recordó al padre del Rav Kook y también al funeral del Rav. El funeral salió el 3 de Elul desde la casa del Rav hasta el Monte de los Olivos, donde está enterrado, y el rabino Greenblatt, que tenía 10 años entonces, revivió el momento y recordó todo. 

Rav Neta Greenblatt falleció la semana pasada, después de casi cien años en los que tuvo el privilegio de estudiar, enseñar y contar.  

Al final de la reunión entre nosotros, le hice una última pregunta: ¿Qué pueden aprender los judíos de hoy, personas que ni son el Rav Kook ni lo han conocido nunca, de todas estas historias? 

“¿Cuál es el mensaje?”, preguntó el rabino Greenblatt, e inmediatamente respondió: “El mensaje es que uno debe ser una gran persona, respetable, con virtudes dignas de un ser humano. Es posible. No somos el Rav Kook, pero por supuesto uno puede ser una gran persona. No sólo eso es posible, ¡es un deber! No hay duda al respecto”.

Noticias Relacionadas