Rab Salomón Michan M.
Shavuot no sólo es el aniversario de la revelación de la Torá en el Sinaí, sino que también es el cumpleaños de la realeza judía, el día en que el Rey David nació y murió. Para marcar el evento, se lee el Libro de Rut, que describe la ascendencia de David.
Los eventos de la vida de David nos enseñan lecciones relevantes sobre liderazgo judío.
1. Coraje
La famosa historia de David al vencer a Goliat comienza con dos ejércitos enemigos. El filisteo acampaba en una montaña e intentaba destruir y conquistar el reino judío. En la primera montaña, después del valle, estaba el ejército judío. Goliat era un soldado gigante, de proporciones inmensas. Todos
los días se burlaba de los judíos y los desafiaba a que enviaran un campeón para luchar contra él. Esta batalla de campeones determinaría qué nación sería la vencedora, qué nación gobernaría sobre la otra.
Durante 40 días ningún soldado judío tuvo el coraje de dar un paso adelante y luchar contra Goliat. Todo soldado entrenado para la guerra convencional sabía que no tenía ninguna oportunidad contra él. Luego el joven David, un
cadete de repartos sin ningún entrenamiento convencional, llegó a la escena con provisiones para sus hermanos que estaban en el ejército. Al oír sobre la situación, con gran coraje se ofreció como voluntario para defender el honor judío. Le ofrecieron las armas convencionales de esa época (armadura y armas blancas), pero David decidió enfrentar a Goliat sólo con su
fe y con su honda, sabedor de que allí residían sus fortalezas. Corrió un riesgo enorme… y ganó.
El coraje es fundamental para el liderazgo. Impulsa a la persona a asumir desafíos y a tomar los riesgos necesarios; a dar rienda suelta a estrategias revolucionarias y a desafiar a todos los pesimistas.
2. Humildad
A diferencia de la Reina de Inglaterra, David tenía unos cuantos secretos de familia no muy aristocráticos. Si bien era descendiente de la Tribu de Yehudá, su tatarabuela fue Rut, la moabita que se convirtió al judaísmo. Yendo más atrás, se podía rastrear su ascendencia a la unión incestuosa entre Lot y su hija. Además, David había sido un pastor -no la más real de las ocupaciones-; sin embargo, Di’s eligió a David.
¿Por qué?
No fue elegido rey por su linaje y su trabajo como pastor, sino por ellos: Di’s ama a los judíos y, por tanto, eligió a un pastor para su rebaño, alguien que fuera sensible a todos los judíos, el noble, el rico y el plebeyo por igual. Por quien era y de dónde venía, David también se ocuparía de la clase baja de la sociedad.
David nunca olvidó sus comienzos humildes, nunca se volvió un rey arrogante. Las monedas que acuñó reflejan quién era: de un lado, había una vara y una mochila, símbolos de un pastor; del otro, el símbolo real de la
monarquía.
La humildad posibilita la compasión, la bondad y la preocupación genuina por los demás, al igual que la capacidad para demostrar aprecio verdadero. Estas virtudes ayudan al líder a ganarse la lealtad del pueblo. No puedes ganarte el corazón de las personas si no te interesas genuinamente en su bienestar. Los líderes inspiran a los demás y la inspiración es gobernada por el corazón.
3. Nunca renunciar
El Rey David conoció la derrota; todo parecía perdido. Abshalom, su propio hijo, se levantó en su contra. Mediante el politiqueo y la astucia, Abshalom había persuadido a la gran mayoría del Pueblo Judío a unirse a su rebelión.
David era impotente en esta confrontación, ya que Abshalom tenía la fortaleza de una gran mayoría numérica para remplazarlo como rey.
Cuando Abshalom se acercó a Jerusalem para establecer su monarquía, David y sus fieles salieron al exilio, dejando Jerusalem derrotada. Todo parecía perdido, no se veía ni la más mínima esperanza de restablecerse como rey. Sin
embargo, no se dio por vencido, no se retiró ni se sometió a su hijo; en cambio, reconoció su situación como un revés temporal y se puso en campaña para reinstaurar su monarquía.
Primero, el Rey David escaló al Monte de los Olivos para echar una última mirada a Jerusalem, su amada ciudad, pidiendo a Di’s su ayuda para regresar victorioso.
Segundo, estableció una red de inteligencia en Jerusalem con sus seguidores leales. Luego, lejos de la Ciudad Santa, continuó su plan con sus leales seguidores para la inevitable batalla final contra las fuerzas de Abshalom.
En esa batalla murió Abshalom; sus tropas huyeron milagrosamente. Al final, David, con su gran sabiduría, esperó pacientemente hasta que los representantes del Pueblo Judío lo invitaron y le suplicaron que volviera a ser su legislador.
La derrota y los fracasos son parte de la vida. Un buen líder ve la derrota como parte del proceso hacia el éxito y continúa intentando.
4. Optimismo
El Libro de los Salmos (Tehilim) es un portal que nos permite echar un vistazo al interior del Rey David: sus pensamientos y sentimientos. Fue un hombre con gran pasión, fe y optimismo. David enfrentó muchas batallas y adversidades personales, además de los desafíos a su liderazgo. Muchas veces sus dificultades parecieron terriblemente grandes, dejándole pocas posibilidades de sobrevivir; sin embargo, no perdió la esperanza. Su fortaleza interior y su optimismo sobre un futuro brillante emanaban de su conocimiento de que no estaba solo. Salmo tras salmo, David revela la profundidad de su relación con Di’s. Con Él como inspiración, ¿cómo puede alguien darse por vencido?
El optimismo da al líder el empuje que necesita para continuar cuando todo parece perdido. Es contagioso: cuando los tiempos son difíciles, el optimismo del líder da esperanza, eleva el espíritu y construye fortaleza en los demás. El optimismo ayuda tanto al líder como a los liderados a confrontar dificultades, a tolerar la presión y a obtener resultados positivos.
Los judíos son una nación de optimistas. ¿Qué otra nación continuaría siendo optimista durante dos mil años con la idea de volver a Israel, nuestra tierra patria? ¿Y quiénes si no los judíos continúan siendo optimistas esperando un mundo mejor, un mundo de paz y la llegada del Mesías, descendiente de nuestro líder por excelencia, el Rey David?












