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Las luces de Janucá en nuestras ventanas

Las luces de Janucá en nuestras ventanas

Moshé Hauer

Me encontré con mi hijo en la estación Penn de Nueva York hace unos meses. Somos judíos practicantes que no tenemos ningún interés en ocultar nuestra identidad, y mi hijo fue insultado por un compañero de viaje en el metro hacia la estación Penn, algo que es habitual en estos días. Pero mientras caminábamos por la estación, un caballero nos llamó la atención y nos dijo: “Sólo quiero que sepan que los amo, muchachos”.

Él fue la excepción, la rara persona en las calles de Estados Unidos que no eligió ni la hostilidad ni el silencio para expresar su aprecio por los judíos.

Pienso en él mientras vivenciamos Janucá, nuestra celebración anual de la libertad religiosa, agobiados por una pregunta pesada: ¿cómo deben los judíos celebrar la libertad religiosa mientras experimentan un antisemitismo sin precedentes? Este problema ha sido abordado por generaciones de judíos y ahora los estadounidenses deben enfrentarlo seriamente.

Janucá, que este año comienza la noche del 25 de diciembre, celebra la victoria judía sobre los griegos en el siglo II a. C. Los griegos habían controlado Jerusalem e impedido a los judíos dedicarse al estudio y la observancia religiosa y realizar su servicio en el Templo hasta que los Macabeos, un heroico grupo de sacerdotes judíos, contraatacaron. Recuperaron su Templo, y el pequeño frasco de aceite que encontraron mantuvo el candelabro de la menorá del Templo iluminado durante ocho días.

Esa menorá simbolizó su triunfo y, durante más de 2000 años, los judíos han encendido la menorá de Janucá para conmemorar su libertad religiosa restaurada.

Inicialmente, el encendido de la menorá era en sí mismo una expresión de libertad religiosa, ya que se colocaba en la calle a la entrada de cada hogar judío, pero -como ya se señala en el Talmud- durante los frecuentes períodos en que tales demostraciones públicas de judaísmo serían peligrosas, encendían la menorá dentro de sus hogares.

En la España de la Inquisición, la Alemania nazi, la Rusia soviética y el Irak de Saddam, los judíos encendían sus menorás detrás de cortinas corridas, donde las velas ardían brillantes como expresión de su lealtad a su fe y su determinación de perseverar como judíos a pesar de la hostilidad de su entorno social.

“Sé un hombre en la calle y un judío en tu casa”. Esa fue la desastrosa e ingenua recomendación del escritor judío ruso YL Gordon (1830-1892) en su poema “Despertad, pueblo mío”, en el que instaba a sus compatriotas judíos a acoger con agrado la bienvenida que les brindaban sus países anfitriones y a limitar voluntariamente su compromiso con su fe.

Gordon describió a Rusia y Europa como “la tierra del Edén” que finalmente estaba lista para tratarlos como hermanos y no como huéspedes, siempre y cuando no actuaran como judíos. Multitudes de judíos siguieron este enfoque y terminaron abandonando su judaísmo antes de ser masacrados como judíos. Muchos estadounidenses han seguido la misma mala guía, privándose a sí mismos y a sus hijos de un vínculo duradero con su fe.

El judaísmo, como cualquier otra religión, se perpetúa por quienes se comprometen a vivir su fe lo más plenamente posible, en público cuando se sienten bienvenidos y en privado cuando se sienten amenazados. Quienes, en entornos amistosos, como Estados Unidos, optan por encender sus menorás en interiores y mantener su fe en privado, probablemente no permanecerán fieles.

¿Qué tan amigables son los Estados Unidos con la práctica judía en 2024? Durante décadas, las luces de la menorá han brillado en las ventanas de los hogares judíos estadounidenses. No tan temerosos como para esconderlas en el interior, pero demasiado marcados por su trágico pasado como para sacar sus menorás a las calles, los judíos encontraron un punto intermedio entre la comodidad y la cautela. Pero ahora, con el antisemitismo en niveles sin precedentes, ¿se sentirán seguros los judíos estadounidenses para continuar con esa práctica, o se verán obligados a correr las cortinas y encender sus menorás en el interior?

Esta pregunta no la deben responder los judíos, sino otros estadounidenses. El judaísmo perseverará como lo ha hecho en el pasado, ya que los judíos decididos a defender sus valores de fe y observancia seguirán inspirándose en la luz y el calor de las velas que brillan en el interior de sus hogares.

Pero ¿qué pasará con las calles de Estados Unidos? ¿Se verán envueltas en una oscuridad cada vez mayor que no permitirá que las luces de Janucá brillen e iluminen el mundo con verdad, justicia, paz y libertad? ¿O seguirán recibiendo a los judíos como judíos?

Este año, cuando nuestra familia enciende las menorot en la ventana de nuestra casa, pensaremos en la luz que nos trajeron esas cálidas palabras de un extraño en Penn Station. Creemos que no está solo. La mayoría de los estadounidenses se sienten avergonzados y enojados por la oscuridad que los antisemitas han traído a este país; la mayoría de los estadounidenses quieren que la comunidad judía se sienta bienvenida y libre para difundir la luz de su fe.

Lo creemos, pero nos beneficiaría oírlo y verlo de boca de más estadounidenses. No habría mejor regalo de Janucá.

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