Foto: Juego de ajedrez que representa la lucha entre los Macabeos y los helenistas, del famoso soplador de vidrio, Maestro Gianni Toso. Crédito de la foto: cortesía.
La semana pasada, mientras estaba aprendiendo daf yomi, me encontré con la siguiente anécdota que me llamó la atención:
מָר זוּטְרָא חֲסִידָא, כִּי הֲווֹ מְכַתְּפִי לֵיהּ בְּשַׁבְּתָא דְרִיגְלָא, אָמַר הָכִי: ״כִּי לֹא לְעוֹלָם חֹסֶן וְאִם נֵזֶר לְדוֹר וָדוֹר״. (סנהדרין ז:)
Esta Guemará nos dice que cuando el anciano Mar Zutra Hasida daba una conferencia pública, era llevado al frente de la multitud sobre los hombros de sus estudiantes, para que la audiencia no tuviera que esperar a que él se abriera paso lentamente entre la multitud (Rashi). En tales ocasiones, citaba el siguiente versículo bíblico: “Porque la fuerza no dura para siempre, ¿y acaso la corona [dura] por todas las generaciones?” (Proverbios 27:24).
Cuando supe esto, me pregunté qué quería decir Mar Zutra Hasida al citar este versículo particular en este contexto.
He aquí una idea que se me ocurrió: si lo piensas objetivamente, hay dos formas diferentes en las que uno podría reaccionar al ver al anciano sabio siendo llevado a través de la multitud hasta su podio. Una posibilidad, que podría ser particularmente probable para la gente joven y saludable del público, sería compadecerse de Mar Zutra Hasida, pensando: “Es tan triste que ya no pueda caminar solo, a diferencia de nosotros que somos jóvenes y fuertes”. Alternativamente, uno podría tener una reacción completamente diferente: maravillarse de lo importante que debe ser este hombre, siendo que todos estaban de pie en su honor (de nuevo, ver Rashi) mientras lo llevaban por encima de sus cabezas, como un rey. Tal vez uno podría incluso esperar que el propio Mar Zutra Hasida lo viera de esta manera.
Con esto en mente, tal vez podamos entender la cita que hace Mar Zutra Hasida del versículo de Proverbios como un rechazo simultáneo de ambas reacciones: a aquellos jóvenes que pueden haberle tenido lástima mientras se regocijaban por su propia fuerza física, el versículo les advierte que contemplen el hecho de que un día (quizás antes de lo que imaginan), serán como él, ya que “la fuerza no dura para siempre”. Y a la inversa, para cualquiera que esté celoso del honor que recibió Mar Zutra Hasida (y tal vez para él mismo también), la segunda mitad del versículo nos recuerda que “la corona [de honor o gloria] no perdura”.
En otras palabras, el mensaje de Mar Zutra Hasida puede ser el de recordarnos que nada en este mundo temporal –ni el poder físico ni el honor– tiene valor perdurable. Lo que sí perdura para siempre es la Torá que se reunieron allí para estudiar, que es eterna.
Podemos ver un conjunto similar de prioridades reflejadas por los Hashmonaim que lucharon valientemente para lograr el milagro que celebramos esta semana. La cultura helenística que buscaba suplantar la Torá estaba muy centrada en este mundo, en lo temporal y lo pasajero. Es por esta razón, tal vez, que Antíoco se sintió amenazado por la observancia de las mitzvot y el culto de los judíos en el Bet Hamikdash, que él trató de erradicar.
Visto de esta manera, un mensaje nacional importante de Janucá es lo que Mar Zutra Hasida intentó transmitir a nivel individual en esa corta Guemará: recordar lo que es importante en la vida y lo que no lo es.
En los últimos catorce meses y medio, nuestros heroicos soldados han demostrado una y otra vez que comprenden este mensaje y que saben cómo priorizar los asuntos verdaderamente significativos y eternos por sobre las preocupaciones más insignificantes que a menudo dominan nuestras vidas. Es nuestra obligación aprender de ellos y seguir su ejemplo.
















