Crédito de la fotografía: Jaim Goldberg/Flash90.
La Torá nos dice: “Va’yeji Yaakov be’eretz Mitzrayim – Y Yaakov vivió en la tierra de Egipto”. El Baal HaTurim revela que la guematría -el valor numérico- de la palabra va’yeji es 34. Explica que 34 representa los 17 años que Yaakov vivió junto con Yosef antes de ser vendido, y los 17 años que vivió con él en Egipto. Éstos, explica, fueron los mejores años de la vida de Yaakov.
La pregunta obvia es: ¿Qué pasa con los 14 años que Yaakov estudió en la Academia de Sheim v’Eiver? Fueron años felices de estudio de la Torá sin distracciones de ningún tipo, como sabemos, “Ein simjá k’simjat haTorah – No hay alegría como la alegría de la Torá”. El versículo también testifica: “Pikudei Hashem yisharim, misamjei leiv – Los mandamientos de Hashem son rectos, alegran el corazón”. Y dice: “Torat Hashem temima, meishivot nofesh – La Torá de Hashem es perfecta, rejuvenece el alma”. Entonces, sumando los 34 años que Yaakov pasó con Yosef y los 14 años de estudio de la Torá, deberíamos mencionar al menos 48 años maravillosos.
¿Por qué entonces sólo 34 años? Creo que la respuesta a este misterio es que durante los 14 años que Yaakov estudió en Sheim v’Eiver, no estuvo casado. (Por otro lado, durante los diecisiete años que estuvo en Egipto, todavía estuvo casado con Bilhah). Cuando una persona no está casada, es sólo una mitad, una persona incompleta.
¿Por qué decimos l’jaim en plural? Una razón es que le deseamos a la gente lo mejor de dos mundos, olam hazeh y olam habá, este mundo y la maravillosa Otra Vida. Otra razón es que cuando brindamos por alguien, brindamos por su “unidad” matrimonial, y dado que ishtó k’gufó, una esposa es considerada como parte de su propio cuerpo, brindamos por la pareja l’jaim para ambos. Como nos dice el pasuk, “Al kein ya’azov ish es aviv v’imo, v’davak b’ishto, v’hayu l’vasar ejad – Por lo tanto, un hombre debe dejar a sus padres, unirse a su esposa y convertirse en una sola carne”.
De hecho, acabamos de experimentar esta idea halájicamente. Cuando encendemos la menorá cada noche de Janucá, en algunos hogares cada uno enciende su propia menorá, incluso las hijas. Sin embargo, la excepción es la esposa, ya que, dado que ella es una con su esposo, el encendido de él también representa el encendido de ella.
Forjar este sentido de unidad es el gran desafío del matrimonio. Cuando una pareja pasa junta bajo la jupá, están aceptando sobre sí mismos el profundo compromiso de que de ahora en más, “Tú eres la persona más importante en mi vida. Por encima de todos los demás, estaré disponible para ti cuando me necesites. Te daré mis palabras más tiernas y te prometo mi lealtad inquebrantable”. Como dijo Rav Pam, bajo la jupá, la novia camina alrededor del novio siete veces para declarar simbólicamente que, de ahora en más, “Tú eres el centro de mi universo”. Cuando un esposo y una esposa logran esta aura de unión, logran traer la Shejiná a su hogar. Como está escrito: “Ish v’ishá shalom beineihem, Shejiná shruya beineiham – Un esposo y una esposa, cuando hay paz entre ellos, la Presencia Divina reposa con ellos”.
Dado que el objetivo de la unidad matrimonial trae consigo la codiciada bendición de la Shejiná, el iétzer hará intenta con todas sus fuerzas bloquear la armonía matrimonial. Por lo tanto, debemos esforzarnos vigorosamente por mantener la magia de nuestra unidad en todo momento. A continuación, se presentan varias estrategias que seguramente serán de ayuda:
*Esfuérzate a menudo por felicitar sinceramente a tu cónyuge. Es una forma infalible de ponerle una sonrisa en el rostro.
*Limite las críticas sólo a asuntos de naturaleza permanente, asuntos que realmente harán una diferencia en su calidad de vida.
*Piensa en formas en las que puedes hacer feliz a tu cónyuge y esfuérzate por cumplirlas.
Ésta es quizás la regla de oro número uno para el éxito matrimonial: la mejor manera de obtener algo es darlo. Si quieres calidez, no esperes. Toma la iniciativa y sé cálido con tu cónyuge. Si quieres sonrisas, sonríe. Si quieres risas, ríete. Si quieres que te dediquen tiempo, asegúrate de que cuando te necesiten, limpies tu pizarra de inmediato. Recuerda, cualquier cosa que te propongas hacer, recibirás a cambio. Esto se debe a que el matrimonio es recíproco por naturaleza. Es por esta razón que la palabra hebrea que describe la armonía marital es “sus”, que es un palíndromo, porque cuando eres paciente, recibirás paciencia a cambio. Usa esta imagen: ve a tu cónyuge como un gran espejo. Cualquier cosa que le muestres al espejo, eso es lo que recibirás a cambio.
En el mérito de mejorar nuestra unión matrimonial, que Hashem nos bendiga con larga vida, buena salud y todo lo maravilloso.
















