Sivan Rahav Meir
El Rabino Berel Wein falleció el sábado a la edad de 91 años. Fue Rosh Yeshivá, educador, escritor e historiador, quien emigró a Israel y enseñó durante muchos años. Aquí les comparto una historia trascendental sobre él, que también puede influir en nosotros:
“En 1946 yo era un joven estadounidense cuando cierto día mi padre me despertó temprano y me dijo: ‘¡Vamos al aeropuerto, el rabino Herzog viene a Chicago!'”. Toda la ciudad esperaba al importante y famoso rabino.
En aquella ocasión el rabino Herzog también vino a nuestra escuela y dijo: “Acabo de regresar de una visita al Papa en Roma. Le entregué una lista de miles de niños judíos que fueron internados en monasterios católicos por sus padres durante el Holocausto, sólo para salvarlos de los alemanes. Le dije al Papa: “Le doy la lista como representante del pueblo judío y le pido que nos devuelvas a los niños”. Pero el Papa no estuvo de acuerdo. Explicó que quien ingresa en una institución católica ya ha sido bautizado en el cristianismo y debe seguir siendo cristiano para siempre”. Recuerdo de niño cómo el rabino Herzog terminó de mencionar al Papa, hizo una pausa y luego rompió a llorar. Nunca había visto a nadie sollozar así. Inclinó la cabeza en el podio, y los últimos dos mil años de historia del pueblo judío simplemente brotaron de él. Todo el público judío-estadounidense se quedó asombrado.
Luego el rabino Herzog se enderezó, nos miró y dijo: “No puedo hacer más nada por estos niños. Pero ustedes, ¿qué van a hacer por el pueblo judío? ¿Qué van a hacer para reconstruir a nuestro pueblo?”
Después de que terminó de hablar, nos acercamos para estrecharle la mano. Repitió el mensaje a cada uno de nosotros individualmente, y luego me miró a mí, todavía un niño, y dijo: “¿Escuchaste lo que dije? No lo olvides”.
Esto cambió mi vida. Cambió la vida de muchos de los que estaban allí. De este grupo surgieron muchos que fundaron instituciones educativas y grandes organizaciones judías, y muchos también emigraron a Israel. Con el paso de los años, los jóvenes estadounidenses que estaban en la sala educaron a decenas de miles de personas para que fueran parte activa del pueblo judío. Todo gracias a un discurso, gracias a un llanto.
En su memoria.











