El venerado y santo mashguíaj de Lakewood, Rav Nosson Wachtfogel, zt”l, zy”a, reflexionó sobre un interesante fenómeno contemporáneo. En su séfer Likutei Reshimos, se pregunta por qué millones de personas en todo el mundo tienen fascinación con el fútbol. Lo describe sin rodeos como una actividad de patear una pelota a través de una portería. ¿Por qué, se pregunta, la gente está hipnotizada hasta el punto de la obsesión con tal actividad? Para llevar la pregunta del mashguíaj un poco más allá, en Estados Unidos, el boxeo y la lucha libre son una industria multimillonaria. Uno se pregunta por qué el hombre civilizado del siglo XXI tiene tanta fascinación por ver a la gente golpearse entre sí.
La respuesta del Rav Wachtfogel proporciona una comprensión profunda y vital de la psique humana. El hombre, explica, fue creado con una programación interna intrínseca a su ADN para ser un guerrero contra su iétzer hará, su inclinación al mal. Diariamente, Hashem desea que luchemos contra nuestros impulsos pecaminosos y más bajos, y los venzamos con éxito. Así, el hombre o la mujer exitosos combatirán a diario sus impulsos de sucumbir a la ira, las tentaciones de la lujuria y la codicia, las tentaciones del chisme pecaminoso, las inclinaciones a la pereza o la insensibilidad, etc. La principal misión de la vida es vencer esta batalla interior.
Incluso cuando somos plenamente conscientes de este avispero que se gesta en nuestro interior, seguimos necesitando la ayuda de Hashem para tener éxito. Como se nos enseña: “Itzró shel adam misgaber alav bejol yom, v’im ein HaKadosh Baruj Hu ozró, einó yajol lo – La inclinación al mal prevalece sobre uno todos los días, y si Hashem no lo ayudara, no podría vencerla”. Por lo tanto, continúa Rav Wachtfogel, Hashem nos dio un impulso interior para ser luchadores, para tener ese espíritu guerrero, para que tengamos éxito en la directiva de la Guemará declarada al comienzo de Maséjet Berajot: “ L’olam yargiz adam yeitzer tov al yeitzer hará – Uno siempre debe incitar su buena inclinación contra su mala inclinación”.
Sin embargo, si uno fracasa en esta misión y vive la vida a toda velocidad, simplemente dejándose llevar sin oponer resistencia, entonces ese espíritu guerrero necesita manifestarse de otras maneras. Rav Wachtfogel observó a la multitud de personas fascinadas por el espíritu competitivo del fútbol y que se identifican con un equipo de luchadores como una forma de apaciguar su espíritu guerrero interior. Ahora entendemos por qué a tantos les fascina la naturaleza salvaje del boxeo y la lucha libre, ya que estos también hablan al luchador que llevamos dentro.
Podríamos agregar que estos sustitutos son relativamente inofensivos. Si bien, por supuesto, el tiempo de uno puede emplearse mejor aprendiendo y realizando actos de bondad, ser un apasionado del fútbol o la lucha libre no es desastroso. Sin embargo, en muchas personas el espíritu guerrero levanta su fea cabeza de formas mucho más serias y nefastas. Por ejemplo, hay quienes hunden sus dientes en la política de la sinagoga, en las desagradables luchas internas que a veces ocurren entre diferentes facciones dentro de una kehilá, que a veces giran en torno a un gabbai controvertido, una aversión al rabino, las elecciones de la sinagoga, la apertura y el cierre de ventanas en el invierno, o incluso el tema sagrado de no hablar en la sinagoga. Es una gran tristeza cuando uno transfiere el espíritu de la lucha que Hashem le dio para combatir su iétzer hará a la ocupación impía de traer la ruina de majloket a su sinagoga. A veces, esta combatividad divinamente inculcada se manifiesta en peleas y riñas entre marido y mujer, hermano y hermana, y entre hijo y padre.
Rav Wachtfogel, el gran experto en el alma humana, nos revela que debemos dominar este espíritu competitivo interior, esa tendencia natural a la combatividad, y utilizarla para librar las batallas diarias contra nuestro iétzer hará, que constantemente nos tienta a desviarnos del camino de la Torá. Al hacerlo, no solo alcanzamos el gran logro de la vida, sino que también nos libramos de hundirnos en las arenas movedizas letales de todo tipo de majlóket.
Que sea la voluntad de Hashem que todas nuestras batallas sean sólo de tipo espiritual, y que en ese mérito Él nos bendiga a todos con buena salud, felicidad y todo lo maravilloso.
















