Sivan Rahav Meir
¿Cuántos tesoros de la vida hemos perdido por estar demasiado ocupados? ¿Es posible que una noticia maravillosa nos llegue directamente a nosotros, pero simplemente no la escuchemos?
En la Parashá de esta semana Moshé Rabenu se dirige al pueblo de Israel con noticias extraordinarias: después de años de esclavitud en Egipto, la salida de Egipto está a punto de comenzar.
Pero fíjense en la reacción de los hijos de Israel ante su conmovedor discurso: “Pero debido al espíritu quebrado de ellos y del duro trabajo no escucharon a Moshé”. La gran dificultad física, la esclavitud y los duros decretos no les permitieron escuchar.
Nuestros comentaristas traen esto a nuestra generación: ¿puede una persona estar tan preocupada y ocupada que no se da cuenta de que se le ha abierto una puerta para salir a la libertad? ¿Puede lo “urgente” imponerse y vencer a lo “importante”? ¿Puede lo temporal silenciar a lo histórico?
La respuesta es que esto es exactamente lo que el faraón intentó hacer: imponerles un trabajo duro para que estuvieran tan ocupados y no prestasen atención a nada más. Y eso es lo que el yétzer hará (la inclinación al mal) intenta hacernos hasta el día de hoy.
En su libro Mesilat Yesharim, Rabi Moshé Jaim Luzzatto escribe que todos debemos cuidarnos mucho de ese tipo de “esclavitud”: “Una de las artimañas y astucias de la inclinación al mal es aumentar constantemente la carga de trabajo en el corazón de las personas, hasta que no les quede espacio para reflexionar y observar por qué camino están andando”.
¿Estamos realmente atentos y nos dejamos a nosotros mismos este “espacio para reflexionar”?
Les invito a estar atentos al peligro de “tener el espíritu quebrado y el trabajo duro”, para que no perdamos cosas grandes.
















