Rabino Moshe Hauer, zt”l
Nuestra Parashá nos introduce a las diversas ofrendas que se llevaban al Templo, con una extensa explicación sobre el korbán jatat, la ofrenda por el pecado. Estas ofrendas se llevaban específicamente por errores cometidos, no por actos deliberados y maliciosos. Sin embargo, se requiere una ofrenda como acto de expiación, ¡por un error!
Los errores ocurren en un contexto determinado. En pocas palabras, cometemos errores por descuido, no por precaución. Podemos olvidar cualquier cosa en cualquier lugar, pero es más probable que dejemos nuestro impermeable desgastado en el tren que nuestra cartera, porque nos importa mucho más la cartera que el abrigo viejo. En este sentido, el concepto de expiación por los errores implica la expectativa de que debemos preocuparnos sinceramente por hacer las cosas bien en el ámbito de la Torá y las Mitzvot.
¿Cómo logramos que nos importe de verdad?
Lo que más nos importa no es lo que los demás esperan de nosotros, sino lo que valoramos y nos apasiona. Como esclavos en Egipto, no hacíamos absolutamente nada que nos importara. Nuestros días transcurrían entre las prioridades del faraón y ejercicios inútiles, como construir pirámides sobre arenas movedizas. La libertad que celebramos en Pésaj nos permitió, por fin, centrarnos en nuestros valores más importantes y en la voluntad de Di’s, aquello que más nos apasiona.
La libertad de Pésaj es la libertad de involucrarnos de verdad en aquello que nos importa.
Es apropiado que la festividad de Pésaj sea donde el contexto halájico promueva un profundo cuidado por hacer las cosas correctamente. Esto se observa en la obligación de la Torá de liberar todo nuestro hogar del jametz que no debemos comer, en la noción halájica, propia de Pésaj, de que incluso una pequeña cantidad de jametz puede hacer que una mezcla no sea kosher para Pésaj, y en las costumbres generalizadas de preparación doméstica para Pésaj que van más allá de los requisitos halájicos básicos. Pésaj se celebra con el máximo cuidado.
El símbolo supremo de este cuidado y esmero es la propia matzá. La matzá se elabora con esmero —ush’martem et hamatzot— y con diligencia. Hornear matzá no es una tarea trivial. Nuestros Sabios vieron en esto un modelo para todas las mitzvot, pues, basándose en la similitud entre la ortografía hebrea de las palabras matzot y mitzvot, afirmaron que todas las mitzvot debían realizarse con el mismo cuidado y entusiasmo.
No sólo para evitar errores, sino para hacer las cosas bien y lograr que sucedan, necesitamos sentir pasión. Cuando nos motiva el tema y el proyecto en cuestión, cuando actuamos no sólo por obligación, podemos preservar nuestros valores y vivir una vida plena y apasionada.
















