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Shabat Shalom Semanal Parashat Sheminí

Shabat Shalom Semanal Parashat Sheminí

Rab Itzjak Zweig

Sheminí (Levítico 9-11)

¡Buenos días! En los últimos meses, varios lectores me han escrito por correo electrónico para hablar sobre la importancia de una alimentación saludable y el ejercicio regular como parte de la rutina diaria.

Que un rabino tenga sobrepeso es prácticamente un cliché; quienes son muy disciplinados en la vida religiosa a menudo se exceden en aspectos que, técnicamente, están permitidos por la Torá, como la comida. Como veremos, tanto la psicología moderna como las fuentes judías y rabínicas clásicas reconocen y abordan esta dicotomía.

Se dice que el alcance de las obligaciones comunitarias y sinagogales de un rabino —asistir a eventos como cenas de premiación, bodas, Bar/Bat Mitzvahs, circuncisiones y visitar hogares de duelo tras el fallecimiento de alguien— puede parecerse más a una degustación que a las responsabilidades comunitarias típicas. Así que sí, las oportunidades para los excesos parecen formar parte de la descripción del puesto.

Pero la pregunta sigue en pie: ¿cómo es posible que personas que son disciplinadas en tantas áreas de su vida fracasen tan estrepitosamente en otras?

Lamentablemente, esto no se limita a comer en exceso. Constantemente me preguntan por qué las personas religiosas que aparentemente desean llevar una vida recta a veces exhiben comportamientos que no se corresponden con quienes dicen ser, como aquellos que bloquean el tráfico ilegalmente y sin consideración alguna para “entrar corriendo a la tienda a comprar jalá”. Estas formas contradictorias de vivir parecen indicar una falta de coherencia en los valores fundamentales.

La psicología moderna, por supuesto, ha notado esta dicotomía y ha propuesto varias teorías sobre por qué ocurre: 

  1. Permisividad moral: Cuando una persona es muy disciplinada en un área, puede permitirse inconscientemente ciertas indulgencias en otras. Puede sentir que se lo merece o simplemente recompensarse por el sacrificio que ha hecho en otros ámbitos. A veces, esto incluso conduce a comportamientos inmorales, ya que se permite una disonancia cognitiva: comportarse mal aun sabiendo que está mal. 
  2. Oportunidades restringidas: La persona no ha interiorizado el valor intrínseco de la disciplina, lo que provoca sentimientos de represión. Cuando se limitan muchos placeres, la necesidad de seguir disfrutando de los permitidos (como la comida) puede intensificarse. Esto también se conoce como el “efecto rebote”.
  3. Afrontamiento emocional: El estrés en diversas áreas de la vida de una persona lleva a buscar consuelo emocional; los roles de liderazgo (por ejemplo, los rabinos) a menudo implican estrés y responsabilidad, y la comida se convierte en una vía de escape socialmente aceptable.

Lejos de ignorar el tema, la literatura de la Torá (especialmente en las enseñanzas de Nahmánides y Maimónides) aborda directamente el desafío de disfrutar de placeres excesivos dentro de lo permitido.

En su comentario sobre el versículo “kedoshim tehiyu – seréis santos […]” (Levítico19:2), Najmánides (también conocido como Ramban) ofrece una de las reflexiones psicológicas y éticas más famosas de la literatura de la Torá. Argumenta que una persona podría seguir técnicamente todas las leyes específicas de la Torá —comer sólo alimentos kosher y estar debidamente casada, etc.— y aun así ser un “naval bi-reshut ha-Torah” —un degenerado dentro del marco de lo permitido por la Torá—. He aquí el comentario:

El significado de esto es que la Torá ha prohibido las relaciones sexuales ilícitas y los alimentos prohibidos, pero ha permitido la unión entre marido y mujer, así como el consumo de carne y vino. Siendo así, un hombre lujurioso podría entregarse a la lujuria de su esposa o de varias, ser bebedor y glotón, y proferir toda clase de blasfemias a su antojo, puesto que estas cosas no estaban explícitamente prohibidas por la Torá. De este modo, podría ser un degenerado con el permiso de la Torá.

Así, según Nahmánides, la verdadera santidad no se alcanza mediante las mitzvot —los mandamientos que se cumplen—, sino mediante el control de los deseos más bajos. Esto se logra manteniendo un nivel de autocontrol que va más allá de la letra de la ley.

Maimónides (también conocido como Rambam) establece un principio fundamental llamado el “justo medio”: evitar los extremos y vivir con equilibrio. Escribe que no se debe caer en la indulgencia excesiva ni en el ascetismo desmedido. Más bien, se debe cultivar una moderación disciplinada y equilibrada en todos los ámbitos, incluida la alimentación. Además, advierte explícitamente contra la glotonería, incluso cuando la comida es kosher y permitida.

Él considera que comer en exceso no sólo es perjudicial para la salud, sino también una falla moral e intelectual. Esto se debe a que embota la mente y aleja a la persona de la claridad y la sabiduría. “Nadie debe comer hasta saciarse, sino dejar aproximadamente una cuarta parte de su hambre […] pues llenar el estómago es perjudicial para el cuerpo y embota el intelecto” (Yad Hiljot De’ot 4:14-15).

Mientras que la psicología describe la indulgencia excesiva como compensación, sistemas de recompensa y efectos indirectos en el comportamiento, la Torá la presenta como una falta de kedushá (santidad) y ausencia de autocontrol, lo que en última instancia conduce a una desalineación entre la conducta y el propósito superior. Vivir una vida verdaderamente religiosa implica disciplina en lo prohibido y un refinamiento personal y moral en lo permitido. Vive con equilibrio mostrando moderación incluso en lo permisible.

Por supuesto, la lectura de la Torá de esta semana es relevante para este tema. Al final de la lectura se discuten las leyes sobre lo que se considera kosher y lo que no. La palabra kosher significa “apto para el consumo”, así que me pareció apropiado hablar aquí sobre el concepto de kashrut (kosher) y la alimentación saludable.

Para vivir un estilo de vida acorde con la Torá, es necesario comprender en detalle nuestra vida cotidiana. Esto incluye entender y priorizar la alimentación y el estilo de vida saludables. La relación más clara entre la dieta y el cáncer se da a través de la obesidad.

Los patrones de alimentación que priorizan los cereales integrales, las frutas y verduras frescas, y las proteínas magras o de origen vegetal han demostrado la asociación más consistente con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer. Una posible razón es que las personas que siguen estos patrones de alimentación presentan niveles más bajos de insulina e inflamación, según Fred Tabung, epidemiólogo oncológico del Colegio de Medicina y Centro Oncológico Integral de la Universidad Estatal de Ohio.

El rabino Alexander Seinfeld, junto con el Dr. Daniel Grove, ha escrito un libro importante sobre cómo llevar una vida sana titulado “Cuerpo y alma: el camino de la Torá hacia la salud, el bienestar y una vida santa”. Contiene muchos principios importantes que debemos comprender, como el daño que el exceso de azúcar causa a nuestro organismo y la creciente evidencia científica que demuestra una clara relación entre nuestra alimentación y la probabilidad de desarrollar diversos tipos de cáncer. En lugar de centrarnos en los “superalimentos” y los antioxidantes, deberíamos enfocarnos en cómo nuestros hábitos alimenticios a largo plazo influyen en nuestro riesgo personal.

Otro componente importante y a menudo pasado por alto es la condición física.

La Torá nos dice: “v’nishmartem me’od lenafshoteijem – Debes cuidar con mucho cuidado tu alma” (Deuteronomio 4:15). Si bien en el contexto de la Torá se habla de la idolatría, en varios pasajes el Talmud extiende este principio a la salud física.

Por lo tanto, tenemos la obligación de cuidar nuestra salud con esmero. Con demasiada frecuencia, la gente considera la salud como algo secundario, algo agradable de lo que ocuparse si el tiempo lo permite (como el ejercicio y las comidas caseras). Pero la Torá enseña lo contrario. Nuestros cuerpos son el medio a través del cual servimos al Todopoderoso, cuidamos de nuestras familias, estudiamos la Torá, cumplimos las mitzvot y cumplimos nuestro propósito en este mundo. Proteger nuestra salud no es vanidad; es servir a Di’s.

En mi propio esfuerzo por mejorar mi salud y bajar de peso, comencé a caminar con más regularidad. Con el tiempo, también aceleré el paso. Lo que me resultó alentador es que este simple cambio no sólo me hace sentir productivo, sino que también parece tener beneficios significativos. Las investigaciones sugieren que caminar a paso ligero, incluso tan sólo 15 minutos al día, puede estar asociado con una reducción mucho mayor de la mortalidad que caminar durante mucho más tiempo a un ritmo muy lento. En otras palabras, el esfuerzo y el ritmo importan.

Ésta es una lección poderosa en muchos sentidos. En nuestra vida espiritual y física, a menudo no basta con simplemente moverse. Sí, la dirección importa, pero también la intención, la energía y el compromiso. Una persona puede vivir a la deriva, o puede avanzar con propósito. Incluso un pequeño esfuerzo concentrado puede lograr más que mucho movimiento pasivo. Visita www.fastwalker.com  para obtener más información y consultar las investigaciones pertinentes.

A veces imaginamos que un cambio significativo requiere medidas drásticas. Pero a menudo el crecimiento comienza con algo mucho más sencillo: una decisión diaria relativamente pequeña, tomada con constancia y energía. Quien camina con propósito no sólo fortalece su cuerpo, sino que, más importante aún, honra el don que Di’s le ha otorgado.

Que todos merezcamos la sabiduría para cuidarnos adecuadamente y, a través de ello, tener la fuerza para servir a Di’s con mayor vitalidad, claridad y verdadera alegría.

Porción semanal de la Torá

Shemini, Levítico 9:1 – 11:47

Para concluir los siete días de inauguración del Mishkán (Santuario Portátil), Aarón, el Sumo Sacerdote, ofrece sacrificios por sí mismo y por toda la nación. Nadav y Avihu, hijos de Aarón, ofrecen incienso por iniciativa propia y son consumidos por un fuego celestial (quizás la única vez que alguien cometió una falta y fue alcanzado inmediatamente por un rayo).

Encendido de las velas de Shabat
(o visitehttps://go.talmudicu.edu/e/983191/sh-c-/mqr5k/1761911836/h/bDa4wq5Fk1EbmOPgUApEpnhSOQ-550Ge9L6shlEeIP8)
Jerusalem 6:28
Miami 7:23 – Ciudad del Cabo 6:11 – Guatemala 5:57
Hong Kong 6:24 – Honolulu 6:31 – Johannesburgo 5:38
Los Ángeles 7:02 – Londres 7:33 – Melbourne 5:42
México 6:35 – Moscú 7:07 – Nueva York 7:12
Singapur 6:51 – Toronto 7:37.

Cita de la semana

Vi morir a pocos de hambre, de comer: cien mil.
 — Benjamin Franklin

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