Sivan Rahav Meir
Leah Rieder, de Estados Unidos, será sepultada esta mañana en Jerusalem. Es probable que no hayas escuchado su nombre, pero he aquí dos historias sobre ella que vale la pena conocer.
1. Nuestro primer encuentro:
“Soy Leah Rieder”, así se presentó una mujer encantadora en un evento en Nueva York. “Mi madre, que es una sobreviviente del Holocausto de 96 años, llegará mañana al evento histórico de finalización del Shas. Ven”.
Así que fui. Al día siguiente me presenté allí con un equipo de filmación. Cien mil judíos llegaron al estadio MetLife en New Jersey para la ceremonia festiva. Quien estudia una página del Talmud- del Shas cada día, finalmente lo completa todo. Y el estudio constante de la Torá, especialmente en Estados Unidos, es algo que merece celebrarse y valorarse.
Leah me presentó a su madre, quien se convirtió en la protagonista del reportaje que transmití. Merlit Wondel es sobreviviente de nueve campos de concentración. Estuve a su lado y junto a sus descendientes cuando extendió su mano señalado a toda la multitud, a los cien mil judíos amantes de la Torá diciendo: “Hitler quiso exterminarnos a todos, y ahora —¡mira a tu alrededor! ¡Mira! Querían destruirnos —y nosotros estamos bailando una danza de Torá. Si alguien me hubiera contado esto allá, en Auschwitz”…
Le agradecí a Leah por el “reportaje”, que terminó siendo mucho más que una simple nota periodística. Fue un contacto con la eternidad.
2. El último encuentro con ella:
Después de la terrible tragedia del 7 de octubre, fui invitada a acompañar a un grupo de sobrevivientes del festival Nova que llegaron a pasar juntos el Shabat en Jerusalem. Unos 400 jóvenes se reunieron en un hotel, y con ellos también estaban Ralph y Leah Rieder. Fue así de que descubrí que ellos eran los donantes de este increíble proyecto, iniciado por Tzili Schneider de la organización “Késher Yehudi”. Es imposible mencionar todos los Shabatot y festividades que hemos compartido desde entonces, en esta comunidad tan especial.
En la última fiesta de Simjat Torá, los sobrevivientes del festival Nova que se estaban fortaleciendo espiritualmente pidieron un Séfer Torá propio, en memoria de los amigos que habían sido asesinados. Ralph y Leah aceptaron donarlo. Imaginen a los sobrevivientes de Nova, en Simjat Torá, bailando con un rollo de la Torá, sintiendo las almas de sus amigos —de bendita memoria— bailando con ellos desde lo alto.
¿Cómo había dicho Merlit? Querían destruirnos, y nosotros bailamos una danza de Torá. Cubrí el evento y nuevamente agradecí a Leah por el “reportaje”, que fue mucho más que una nota periodística. Fue un contacto con la eternidad.
3. No muchos sabían que Leah enfrentaba con nobleza una enfermedad grave. Falleció en Shabat en su casa en Nueva York, a los 68 años.
Condolencias a Ralph, a toda la familia y a sus muchos amigos. Mujeres religiosas del barrio de Monsey en Estados Unidos, junto con jóvenes con piercings y tatuajes en Israel, lloran ahora por su amiga. A todos nosotros nos dejó un legado claro y comprometedor.
El cortejo fúnebre partió de Nueva York, y el lunes por la mañana, en la víspera del Día del Holocausto, Leah será enterrada en Jerusalem.
Porque todos los caminos —desde Auschwitz, desde Nueva York, desde Nova— conducen a Jerusalem.
Que tengamos buenas noticias.
















