Mientras Estados Unidos e Irán negocian en Pakistán el futuro del estrecho de Ormuz en medio de un frágil cese del fuego, uno de los referentes nacionales del gas natural revela su plan para que Israel sea la alternativa definitiva: un puente directo al Mediterráneo para el petróleo del Golfo.
El paso marítimo entre el Golfo de Omán y el Golfo Pérsico es un punto estratégico por donde circulan cerca del 20 por ciento del gas natural licuado (GNL) y el 35 por ciento del petróleo del mundo. Durante la guerra que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán el 28 de febrero último se convirtió, además, es un arma difícil de contrarrestar.
Si bien sufrió golpes militares enormes a manos de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y del Pentágono, además del descabezamiento de su gobierno, el régimen de Teherán logró contener el avance de Washington con una simple maniobra: impidiendo el paso de los buques cisterna internacionales.
Cultura judía
Al fin y al cabo, esa capacidad le permitió a Irán alcanzar el cese del fuego y llevar a Estados Unidos a la mesa de negociaciones, donde este sábado ya se logró el permiso para el paso de dos buques norteamericanos —el USS Frank E. Peterson y el USS Michael Murphy— para iniciar el desminado de las aguas.
“Pronto compartiremos este corredor seguro con la industria marítima para fomentar el libre flujo del comercio”, declaró el almirante Brad Cooper, jefe del comando central de las fuerzas estadounidenses (CENTCOM).
Sin embargo, las palabras del militar pueden quedar en apenas una expresión de deseo si se reanudan las hostilidades en esta guerra, si el régimen iraní decide ejercer presión sobre sus rivales o si estalla un nuevo enfrentamiento por el programa nuclear de Teherán.
Apostando a la seguridad
“La guerra generó una carrera por el suministro energético seguro”, señaló Yossi Abu, director ejecutivo de NewMed Energy, el socio más importante en el yacimiento Leviatán, la principal plataforma del sistema israelí de gas natural en el Meditarráneo.
Abu pronosticó —durante una entrevista con el portal Globes— que, a corto plazo, Estados Unidos desviará más gas natural licuado (GNL) a Asia, en lugar de a Europa, pero que, “a mediano y largo plazo, gran parte de la inversión se destinará a lugares con reservas de gas natural consideradas seguras”.
Foto: La plataforma de extracción en Leviatán (Foto: NewMed Energy)
Eso, destacó, “también aplica a Israel y al resto de la región”, donde la reserva de gas Afrodita, en Chipre, “está adquiriendo cada vez mayor importancia”.
¿Cuál es la propuesta de Abu? Básicamente, transformar la geografía del crudo para que Israel funcione como un nodo logístico que rompa la dependencia de las rutas tradicionales. “Podemos ser una ventana al mar Mediterráneo, captando el petróleo de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU)”, que llegaría al extremo sur de Israel y luego a Ashkelon a través del oleoducto que arranca en Eilat, explicó.
Curiosamente, el oleoducto Eilat-Ashkelon, que conecta el Golfo de Aqaba con el Mediterráneo, fue creado en los años ’60 del siglo pasado para canalizar el petróleo producido por el Irán anterior a la revolución islámica de 1979 que transformó radicalmente la región.
Esquivando embudos
Según Abu, el oleoducto puede ayudar a esquivar el “embudo” de Ormuz mediante una vía que “sería más barata que tender un nuevo gasoducto” y ofrecería una confiabilidad que hoy el mercado global no tiene.
Para el CEO de NewMed, este corredor energético es el paso lógico tras la nueva configuración geopolítica que atraviesa la región. “Estoy seguro de que los estados del Golfo invertirán en infraestructura energética en Israel”, afirmó Abu, comparando esta posibilidad con el éxito de la entrada de capitales emiratíes en el yacimiento Tamar.
“Veremos a empresas de Arabia Saudita y otros países del Golfo invirtiendo en gas natural y en la red de transporte israelí”, apuntó Abu.
El plan final apunta a consolidar un eje estratégico que blinde incluso industrias críticas, como la de microchips en Asia, ante posibles futuras presiones de Teherán.
“El petróleo será sólo el comienzo: lo seguirán líneas ferroviarias y cables de comunicación”, vaticinó el ejecutivo, definiendo el proyecto como un “win-win estratégico” donde Israel dejaría de ser solo un productor de gas natural para transformarse en el socio indispensable de las potencias industriales de Europa y Asia.
(Israel económico)
















