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Una pequeña gran historia para el día del holocausto

Una pequeña gran historia para el día del holocausto

Sivan Rahav Meir

En la víspera del Día Nacional del Recuerdo del Holocausto y el Heroísmo, recibí una foto: el sobreviviente del Holocausto, Dov Landau, de 97 años, bailando en la boda de su bisnieto.

Esto, de hecho, ya es algo suficientemente impactante, pero Ora Angel, hermana de la novia, me envió algunos detalles más impresionantes:

Este es el octavo bisnieto (!) en cuya boda el abuelo Dov ha tenido el privilegio de bailar. Está en condiciones perfectas, sano y activo, y bajo la jupá el también bendijo a la pareja.

Durante los bailes, como es su costumbre, descubrió su brazo, en el que está tatuado un número de uno de los campos de concentración en la cual estuvo. Dov nació en Polonia, sobrevivió a Auschwitz y a otros cinco campos de concentración, y también caminó en dos marchas de la muerte. Finalmente fue liberado del campo de concentración de Buchenwald.

A los 17 años emigró a Israel, solo. Es el único de su familia que sobrevivió al Holocausto. Perdió a sus padres, a sus abuelos y a más de 50 miembros de su familia extendida. No se desesperó. El día de la creación del Estado de Israel, en los combates en Gush Etzion, luchando como soldado de la Haganá cayó prisionero de Jordania.

Luego de ser liberado, formó una familia y durante años acompañó viajes a Polonia dando cientos de conferencias sobre su propria historia. “No tengo idea de dónde saco las fuerzas que tengo”, suele decir. “No es una fuerza natural, es una fuerza espiritual que me impulsa a contarle al mundo lo que los alemanes nos hicieron”.

Sus conferencias terminan con el testamento que le otorgó su padre, pocos momentos antes de separarse. Su padre lo bendijo con la Bendición Sacerdotal, palabra por palabra: “Que el Eterno te bendiga y te guarde”

“Que el Eterno ilumine Su rostro hacia ti y te conceda gracia”

“Que el Eterno alce Su rostro hacia ti y te conceda la paz”

Y luego agregó: “Solo tengo un pedido más, hijo mío: ¡que sigas siendo judío!”.

“Sigan siendo judíos”, dice al final de sus charlas, pero en realidad, muchas veces no termina el encuentro con palabras, sino con cantos. El público se pone de pie, y luego canta e incluso baila con él.

No sorprende que también en la boda, Dov insistiera en bailar con todos los jóvenes, mostrando a su bisnieto, el novio, el número de Auschwitz que tiene tatuado en su brazo, demostrando que el testamento de su padre se cumplió.

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