El secreto para conservar los dientes con salud en la adultez no está sólo en el cepillado, sino en una herencia biológica invisible que se recibe antes de nacer: un estudio israelí mostró que la madre es una «arquitecta» del sistema inmunológico bucal que transfiere anticuerpos que programan la boca para resistir bacterias agresivas y evitar la pérdida ósea décadas después.
Este trabajo, cuyos resultados se publicaron en la revista científica Nature Communications, rompe con esquemas de la odontología tradicional y plantea que la salud dental de toda una vida se define en el vientre materno.
El estudio, liderado por el profesor Avi-Hai Hovav y la investigadora Reem Naamneh, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, detectó que los anticuerpos maternos no son sólo un escudo temporal para el recién nacido, sino que realmente «programan» el sistema inmunológico para combatir enfermedades bucales hasta bien entrada la vida adulta.
El “arquitecto” de la inmunidad bucal
La investigación, reportó la universidad israelí, se enfocó en el período crítico posterior al nacimiento, cuando la boca se expone por primera vez a una oleada de microbios.
Para atravesar esta etapa vulnerable, las madres proporcionan herramientas esenciales a través de dos vías: la transferencia en el útero y la lactancia. Aunque ambas son vitales, cumplen roles muy diferentes en la estrategia de defensa a largo plazo.
Los investigadores hallaron que los anticuerpos transferidos durante el embarazo (IgG) actúan como el arquitecto principal del paisaje inmunológico de la boca. Estos anticuerpos llegan a las glándulas salivales del neonato y se secretan en la saliva. Su presencia es crucial para mantener el equilibrio: básicamente, le «enseñan» al sistema inmunológico a mantener la calma ante las bacterias amigables mientras lo preparan para futuras amenazas.
En modelos de laboratorio, los ejemplares que carecían de estos anticuerpos prenatales mostraron células inmunológicas hiperactivas y una mayor carga bacteriana en las encías. Esa falta de “instrucciones” tempranas derivó en una mayor susceptibilidad a la periodontitis en la adultez, una condición que provoca inflamación destructiva y pérdida de masa ósea alrededor de los dientes.
El rol de la leche materna
Mientras que los anticuerpos prenatales se enfocan en calibrar el “tono” inmunológico -es decir, en “entrenar” a las defensas para que sepan cuándo atacar y cuándo mantenerse “tranquilos”-, los que llegan a través de la leche materna cumplen una función distinta: la maduración física del epitelio oral, un proceso que actúa como un sello que refuerza el revestimiento protector de la boca, creando una barrera sólida contra las infecciones.
Esos anticuerpos posnatales ayudan a regular el sellado de esta barrera, asegurando que el revestimiento se convierta en una defensa sólida en el momento justo. El equipo identificó que los anticuerpos maternos reconocen específicamente y se unen a patógenos conocidos por causar formas agresivas de enfermedad de las encías.
Este descubrimiento abre la puerta a estrategias preventivas innovadoras, como la inmunización materna. Al vacunar a las madres durante el embarazo, sería posible potenciar los anticuerpos específicos que se transmiten al niño, pre-programando su sistema para resistir infecciones crónicas décadas después.
En definitiva, las bases de una sonrisa saludable se establecen incluso antes de que aparezca el primer diente.
(Israel económico)
















