728 x 90

El legado oculto: los judíos en China después de 700 años

El legado oculto: los judíos en China después de 700 años

Yehosef Yaavetz

El extraordinario viaje de la comunidad judía de Kaifeng, desde comerciantes de la Ruta de la Seda hasta un pueblo disperso pero perseverante.

Hace unos setecientos años, un viajero musulmán llegó a la bulliciosa ciudad china de Cantón con una petición inusual. Detuvo a los transeúntes y preguntó dónde podía encontrar “judíos”.

Para comprender lo extraño que resultaba esto, imaginemos China en el siglo XIII, un vasto imperio prácticamente aislado de Europa y otras tierras donde vivían comunidades judías. Cantón, ahora la cuarta ciudad más grande de China con más de 18 millones de habitantes, ya era grande y bulliciosa en aquella época. Sin embargo, la mayoría de sus habitantes jamás había oído la palabra “judío”.

Sorprendentemente, el viajero sí encontró uno. En la ciudad había una sinagoga antigua y poco conocida, aunque abandonada. Cerca vivía un anciano judío enfermo. Cuando el musulmán le preguntó si podía comprar un rollo de la Torá, el hombre accedió a venderle el rollo descuidado de la sinagoga.

¿Por qué querría un musulmán un rollo de la Torá?
Esta pregunta nos lleva a la fascinante historia de la comunidad judía de Kaifeng en la China medieval.

Nadie sabe con exactitud cómo ni cuándo llegaron los judíos a Kaifeng, pero una inscripción en piedra de la ciudad indica que su sinagoga se construyó en 1163, hace unos nueve siglos. Muchos creen que llegaron con comerciantes judíos persas que recorrían la famosa Ruta de la Seda. Esta red de rutas comerciales transportaba seda de China a Occidente, y los comerciantes judíos, conocidos por su habilidad comercial, a veces se establecían en las ciudades a lo largo de la ruta.

El emperador de la dinastía Ming dio la bienvenida a los judíos de Kaifeng, otorgándoles permiso para vivir en la ciudad e incluso asignándoles seis apellidos oficiales: Ai, She, Gao, Jin, Li, Gan y Shi. Los judíos prosperaron en el comercio y se integraron a la vida china, pero se enfrentaron a un problema recurrente: las inundaciones.

Su sinagoga se encontraba cerca del río Yangtsé, en la ruta comercial de la seda. Cuando llegaban las fuertes lluvias, solían tener tiempo de poner a salvo sus objetos sagrados. Pero un año, una inundación inesperada azotó la zona, dañando todos sus rollos de la Torá. Sin escribas que los repararan ni copias impresas del Pentateuco (Jumashim) para copiar, la comunidad se enfrentó a una grave crisis.

Decididos a recuperar su Torá, enviaron emisarios en busca de otras comunidades judías en China. La información era escasa, pero oyeron viejos rumores sobre la vida judía en Cantón. Eligieron a un emisario musulmán, alguien que, aunque no judío, respetaba la santidad de la Torá. Este emisario encontró la sinagoga abandonada en Cantón, compró el rollo y lo llevó de vuelta a Kaifeng. Es posible que fuera la fuente de la que copiaron nuevas Torot, lo que permitió que su vida judía continuara.

Una inscripción en una sinagoga de Kaifeng enumera setenta familias y traza su linaje desde Abraham Abinu hasta su propia época. Otra inscripción elogia su lealtad al emperador y deja constancia de que lucharon en sus guerras.

El mundo entero tuvo conocimiento de ellos por primera vez en 1605, cuando un misionero cristiano en Pekín conoció a un judío de Kaifeng. Intrigado, el misionero intentó hablar sobre el cristianismo, pero descubrió que los judíos de Kaifeng no sabían nada al respecto. Escribió al líder de su sinagoga, insistiendo en que el mesías judío ya había llegado. El líder respondió cortésmente que, según su fe, el mesías aún no había llegado y que esperaban su venida para redimir a Israel al final de los tiempos.

Su última gran prueba llegó a mediados del siglo XIX durante la Rebelión Taiping, una devastadora guerra civil liderada por un líder rebelde de inspiración cristiana llamado Hong Xiuquan. Duró 14 años y algunos historiadores la consideran la guerra más mortífera de la historia de la humanidad, cobrándose la vida de millones de personas, aproximadamente el 7% de la población mundial de la época.

Durante este caos, la sinagoga de Kaifeng fue destruida. La comunidad judía se dispersó y, con el paso de las generaciones, gran parte de su saber judío se perdió.

Hoy en día, cerca de quinientas personas en Kaifeng tienen sus ancestros en aquellos judíos. Sólo unas pocas docenas se reúnen activamente para la oración y las tradiciones judías. Conservan algunos rasgos distintivos sencillos, como abstenerse de comer cerdo y evitar los mariscos, prácticas que los diferencian en la sociedad china y los conectan con su herencia.

Aunque su número es reducido, el espíritu de los judíos de Kaifeng sigue siendo un recordatorio notable de hasta dónde llega la historia judía, incluso hasta el corazón de la China medieval.

Noticias Relacionadas