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Shabat Shalom Semanal Parashat Pinjas

Shabat Shalom Semanal Parashat Pinjas

Rab Itzjak Zweig

Pinjas (Números 25 – 30)

¡Buenos días! La semana pasada, mientras asistía a la boda del hijo de un amigo, se me acercó un lector asiduo de esta columna que me dijo que la ha estado leyendo fielmente durante muchos años y que realmente aprecia lo que escribo. Luego bajó la voz y me preguntó: “En realidad usted no las escribe, ¿verdad?”.

Respondí que, por supuesto, sí, pero que no está solo. En los últimos siete años, desde que asumí la responsabilidad de escribir, sucediendo a mi querido amigo el rabino Packouz, de bendita memoria, me han preguntado repetidamente quién escribe la columna semanal. En al menos cuatro ocasiones me han pedido la información de contacto de mi escritor fantasma.

Entonces le dije que creía que su razonamiento era algo así como: “Conozco a ese idiota; es imposible que pueda formular una idea coherente, y mucho menos que pueda escribir una serie de frases en una columna semanal”. Él respondió con una sonrisa: “¡Eso mismo estaba pensando yo!”.

Me recordó a aquella vez, hace muchos años, cuando un amigo muy cercano me preguntó si tenía pensamientos negativos recurrentes. No tenía ni idea de a qué se refería, así que me explicó que mucha gente tiene una voz en la cabeza que se repite constantemente: “No eres lo suficientemente inteligente. No eres lo suficientemente guapo/a. No eres lo suficientemente ambicioso/a”.

Le dije que, además de no ser una forma muy lógica ni eficaz de vivir la vida, mi ego desmesurado era tal que nunca llegué a creer en ninguna de esas cosas.

Pero lo que no tuve en cuenta en aquel momento fue que la razón de mi buen estado emocional se debía probablemente a que había sido criado por unos padres extraordinarios que se centraron en desarrollar mis fortalezas y me transmitieron constantemente su confianza en mí. Esto me inculcó un cierto nivel de autoconfianza y autoestima (cualidades que mi esposa probablemente diría que son totalmente inmerecidas).

Esto me recuerda una enseñanza que escuché hace muchos años de mi brillante padre. Existe una obligación en la Torá de dar críticas constructivas (Levítico 19:17), y él estaba dando una clase sobre la crítica y la manera adecuada de expresarla. Explicó que era crucial aprender a dar críticas constructivas porque el daño de decir algo negativo a alguien no es momentáneo, sino que puede durar toda la vida.

Desafortunadamente, la mayoría de las personas se ven a sí mismas a través de los ojos de los demás; es decir, su percepción de lo que otros piensan de ellas es como realmente se ven (lo cual es una forma terrible de vivir). Mi padre me explicó que cuando una persona escucha un comentario negativo sobre sí misma, puede llegar a repetírselo una y otra vez durante años o incluso décadas. Así, un solo comentario negativo puede resonar miles de veces en la mente de una persona, lo cual puede ser una tortura. Comprendí que a esto se refería mi amigo cuando me preguntó si reproducía pensamientos negativos en mi cabeza.

Navegar por estas aguas turbulentas puede ser muy complicado. Un joven abogado amigo me contó el siguiente incidente que le ocurrió hace unos meses.

“Sin querer, le di a ‘responder a todos’ en un correo electrónico a toda la empresa. Ni siquiera fue un escándalo; simplemente envié ‘¡Me parece bien, gracias!’ a ochenta y cinco personas que no tenían por qué saber que me parecía bien. En cuanto me di cuenta de lo que había hecho, se me cayó el alma a los pies. No sólo cerré el portátil; me alejé de él como si fuera una bomba de relojería. Pasé el resto de la tarde redactando mentalmente un correo de disculpa muy elaborado, y luego perdí una hora sopesando los pros y los contras de llamar la atención sobre mi metedura de pata. Distraídamente, empecé a preguntarme si el programa de protección de testigos acepta a personas cuyo único delito es la incompetencia digital. Cuando revisé mi bandeja de entrada seis horas después -esperando una avalancha de críticas- no había ninguna respuesta. A nadie le importó. Lo cual, de alguna manera, me hirió los sentimientos de una forma completamente diferente.”

En la lectura de la Torá de esta semana encontramos una lección muy relevante sobre la autoestima y la importancia de saber quiénes somos realmente para tener confianza en nosotros mismos.

“Di’s dijo a Moisés y a Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote: Hagan un censo de toda la congregación de Israel de veinte años en adelante, según la casa de sus padres […] Los hijos de Rubén: Janoj, de la familia de los Janoji, hasta Pallu, de la familia de los Pallui […]” (Números 26:1-5).

En la porción de la Torá de esta semana, encontramos al pueblo judío acercándose al final de sus cuarenta años de peregrinación por el desierto y a punto de entrar en la Tierra de Israel. El Todopoderoso ordena a Moshé y a su sobrino Eleazar (quien ascendió al puesto de Cohen Gadol tras la muerte de su padre Aarón) que realicen un nuevo censo del pueblo judío. Este censo se llevó a cabo inmediatamente después de la terrible plaga que diezmó a decenas de miles de israelitas.

El comentarista bíblico Rashi cita una hermosa analogía de una enseñanza del Midrash Tanjumá sobre la lectura de la Torá de esta semana: “Dice el Midrash: ‘Esto se puede comparar con un pastor que descubre que los lobos han atacado a su rebaño de ovejas, así que las cuenta cuidadosamente para saber cuántos sobrevivieron’. De igual modo, el Todopoderoso le ordena a Moisés que cuente al pueblo judío: aquellos que sobrevivieron a la plaga”.

Las personas fueron contadas por sus familias (“según la casa de sus padres”). El Midrash Rabbah (Shir HaShirim 4:12) explica que a todos los apellidos se les añadió la letra hebrea « ה » (hey) como prefijo y la letra hebrea « י » (yud) como sufijo. Así, a la familia de Janoj se la denominaba “HaJanoji”.

El Midrash a continuación, explica el motivo. Las letras hebreas yud y hey componen uno de los nombres de Di’s. ¿Cuál fue la razón de la repentina vinculación del nombre de Di’s con cada una de las familias de la nación judía?

Según el Midrash, la razón de este cambio en sus nombres radica en que las naciones del mundo se burlaban de la pureza del linaje judío. Argumentaban que los egipcios, que controlaban por completo a los hombres judíos (a quienes esclavizaban), seguramente habían abusado de las mujeres judías. Por lo tanto, sostenían que muchos de los llamados israelitas eran en realidad descendientes de sus dominadores egipcios.

Por ello, el Todopoderoso asoció su nombre a cada una de las familias judías para dar fe de la pureza de su ascendencia judía. Sin embargo, esta enseñanza requiere mayor aclaración.

Resulta difícil comprender cómo añadir dos letras a los apellidos de las familias judías puede desviar las acusaciones difamatorias de otras naciones. Al fin y al cabo, la Torá forma parte del patrimonio del pueblo judío; cuesta creer que otras naciones la consideren una prueba fehaciente de que Di’s mismo afirma la pureza del linaje judío.

La única respuesta posible es que el Todopoderoso no lo hizo para desviar las pretensiones de las naciones del mundo, sino para calmar las inseguridades de los propios israelitas.

En aquel entonces, el pueblo judío se recuperaba de una plaga que diezmó a gran parte de la nación. Esta plaga había sido un castigo por su conducta licenciosa y actos de depravación al relacionarse con las hijas de Midián (véase Números 25:1-9). Estas transgresiones parecían indicar una naturaleza inmoral, rasgos característicos de la cultura y la naturaleza egipcias.

(De hecho, los sabios señalan que la razón por la que nuestro antepasado Abraham, que viajaba a Egipto debido a una hambruna en la Tierra de Israel, quiso esconder a su hermosa esposa Sara de los egipcios fue porque estos eran conocidos por su depravación y no dudarían en arrebatársela).

En consecuencia, dado que estas transgresiones inmorales fueron cometidas por un gran número de israelitas, esto podría haber dado cierta credibilidad a la idea de que las acusaciones de las naciones del mundo eran ciertas (es decir, que muchos israelitas eran de ascendencia egipcia). Por esta razón, el Todopoderoso prestó su santo nombre a las familias judías para asegurarles que eran de linaje puro.

Pero aquí hay una lección mucho más profunda.

Una de las terribles consecuencias de tener baja autoestima es que, erróneamente, intentamos combatirla y sus efectos debilitantes eludiendo la responsabilidad de nuestros errores. En consecuencia, a menudo atribuimos nuestros fracasos a factores que escapan a nuestro control (como la ascendencia), cuando en realidad debemos asumir la responsabilidad de nuestros errores y esforzarnos por mejorar.

Quizás la verdadera lección que podemos aprender aquí es que Di’s está dando su nombre a nuestro linaje para decirnos que nuestro pasado está en sus manos, pero el presente y el futuro están en las nuestras. Al fin y al cabo, ¿no es ése el mensaje más inspirador de todos?

Porción semanal de la Torá

Pinjas, Números 25:10 – 30:1

En la porción de la Torá de la semana pasada, Pinjas intervino para detener una muestra pública de inmoralidad. De esta manera, frenó la plaga de castigo que estaba diezmando a la multitud. Como recompensa, fue nombrado Cohen por decreto divino.

El Todopoderoso ordena a Moisés atacar a los midianitas en represalia por la licenciosa conspiración que estos perpetraron contra los israelitas. Se realiza un nuevo censo del pueblo judío, revelando que hay 601.730 hombres disponibles para el servicio militar. Dios ordena la división de la Tierra de Israel entre las tribus. Se censa a los levitas. Las hijas de Zelafchad se presentan ante Moisés para solicitar su derecho de herencia. Moisés consulta al Todopoderoso, quien responde a su favor.

Moshé pide al Todopoderoso que designe un sucesor, y el Todopoderoso le indica a Moshé que nombre a Josué (Yehoshua). La porción de la Torá concluye con las diversas ofrendas: diarias, de Shabat, de Rosh Jodesh (mes nuevo) y de las festividades.

Encendido de las velas de Shabat
(o visitehttps://go.talmudicu.edu/e/983191/sh-c-/n76hv/1799294578/h/SJqIh2okU5Bu8G44jNnnhDQ1bef7Xrq-7638R-sOG3M)
Jerusalem 7:13
Miami 7:58 – Ciudad del Cabo 5:31 – Guatemala 6:17
Hong Kong 6:54 – Honolulu 6:59 – Johannesburgo 5:10
Los Ángeles 7:50 – Londres 9:04 – Melbourne 4:54
México 7:01 – Moscú 8:57 – Nueva York 8:12
Singapur 6:56 – Toronto 8:44

Cita de la semana

No pueden arrebatarnos nuestro respeto propio
si no se lo damos.
— Mahatma Gandhi

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