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Limpiar, ¡pero con alegría!

Limpiar, ¡pero con alegría!

Sivan Rahav Meir

Ésta es una de las historias más hermosas que he escuchado:

Un día, el santo Baal Shem Tov, fundador del movimiento jasídico, llegó a una pequeña ciudad. Era el mes de Elul.

—¿Quién es el jazán -la persona encargada que dirigirá aquí las oraciones de Rosh Hashaná y Yom Kipur? —preguntó el Baal Shem Tov—. ¿Cómo reza él?

Los habitantes de la ciudad lo llevaron hasta el jazán local y, mientras caminaban, le contaron:

—Hay algo un poco extraño: el jazán recita las confesiones de Yom Kipur con melodías alegres. “Hemos pecado, hemos traicionado”, “Por el pecado que hemos cometido”… Todo lo canta con alegría.

El Baal Shem Tov se encontró con el jazán y le pidió una explicación.

¿Por qué no rezar con tristeza, incluso llorando?

El jazán le respondió:

—Un sirviente que limpia la suciedad en el patio del palacio del rey se siente muy feliz mientras lo hace. Ama al rey y sabe que, con su trabajo, está haciendo algo que alegra al rey. Por esto, mientras limpia el palacio, canta.

—Has respondido muy bien —le dijo el Baal Shem Tov—. Me gustaría quedarme aquí y rezar con ustedes.

¿Cuál es el mensaje para nosotros?

El rey de esta historia es Di’s. El palacio es nuestro mundo, nuestra vida. Y cada uno de nosotros recibe, una vez al año, una invitación especial del Rey para limpiar Su palacio.

El mes de Elul, Rosh Hashaná, los Diez Días de Teshuvá y Yom Kipur no son días de depresión ni de amargura. Son días de enorme alegría por la oportunidad que se nos ha dado de corregir nuestros actos.

Pensemos por un momento en un mundo en el cual no fuera posible arrepentirse y comenzar de nuevo; un mundo donde cada error quedara fijado para siempre, donde no existiera la posibilidad de reparar ni de mejorar.

Es verdad, no siempre resulta agradable “limpiar la suciedad”. Pero debemos recordar que tener la posibilidad de empezar de nuevo es un privilegio.

Entonces, ¿cómo no vamos a alegrarnos?

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