Sivan Rahav Meir
26 de noviembre de 2020
Hoy en la noche se cumplen tres años desde que falleció Jani Weinrott, cuya lucha contra el cáncer fue una inspiración para muchos.
En esta época de corona recordé en varias ocasiones un consejo que Jani acostumbraba a dar: hay que hacer la diferencia entre el sufrimiento necesario y el sufrimiento no necesario.
Ella explicó, por ejemplo, que su enfermedad era un sufrimiento esencial. Era una realidad a la cual ella tenía que enfrentarse. Pero entrar en depresión, pelear con todo el mundo, dejar de realizar sus sueños, esto ya sería un sufrimiento innecesario.
He aquí un ejemplo adicional, más fácil, del día a día: Si tu familia se demora en entrar al carro y está claro que llegarán tarde al evento, éste es un sufrimiento necesario. Pero llenar el tiempo de viaje hacia el evento, de discusiones, acusaciones y preocupación porque estamos tarde, esto es un sufrimiento innecesario. Es una decisión personal de cómo aprovechar el tiempo hasta llegar al lugar.
Me parece que Jani hubiera explicado que el corona es un sufrimiento necesario. La epidemia mundial es, desafortunadamente, una realidad. Pero lo que no es necesario es quedarse adicto a las pantallas, comer comida no saludable, cortar las relaciones con los amigos, caer en el pesimismo.
El corona no debe ser una excusa para todo y la misma no nos exime de la responsabilidad personal de cómo comportarnos, en todas las áreas de nuestra vida.
Que tengamos el mérito de poder distinguir entre el sufrimiento necesario y el innecesario y que tengamos la menor cantidad de sufrimiento posible. En su memoria.
















