Dr. Jorge Weil
Los israelíes han sido víctimas, y pudieron desarrollar personalidades resilientes.
Ahora, al afrontar el desafío de una protección activa de la vida y del Estado, se tornaron en individuos antifrágiles, en esta guerra de defensa activa contra Irán.
Por resiliencia psicológica nos referimos a la capacidad de las personas para adaptarse y recuperarse de situaciones difíciles, traumas o adversidades, manteniendo un buen estado emocional y mental, e incluso utilizando esas experiencias para crecer y fortalecerse. No se trata de evitar el dolor o las dificultades, sino de aprender a manejarlas y salir fortalecido de ellas. Ha sido el psiquiatra francés Dr. Boris Cyrulnik quien estudio la resiliencia humana, a partir de su propia experiencia en la Shoah.
Entendemos por antifragilidad a la cualidad de una persona y de una sociedad, quienes, frente a la agresión, la lucha, el estrés les permiten desarrollar sistemas que no sólo resisten el caos, sino que se benefician de él. Este concepto, la
antifragilidad, fue acuñado por el investigador estadounidense Nassim Taleb.
La historia de Israel está marcada por una narrativa persistente: la de un pueblo redivivo, el Estado fortificado, en una sociedad hostigada. Desde su refundación en 1948 pasando por las guerras del siglo XX y los atentados del siglo XXI, el ethos israelí (es decir su carácter) osciló entre la alerta y la defensa. Este perfil de identidad está en pleno proceso de cambio; a partir del actual conflicto con Irán se forja una transformación silenciosa pero profunda: de víctima histórica a sujeto resiliente, y de ahí a una postura antifrágil.
En medio de las amenazas existenciales, Israel ha cultivado un tipo de fortaleza que excede el blindaje militar: la resiliencia colectiva. Investigadores como Golan Shahar
PhD., director de entrenamiento clínico-psicológico de la Universidad Ben-Gurion (Néguev, Beersheba) y Zahava Solomon, Profesora de Epidemiología Psiquiátrica y
Trabajo Social en la Universidad de Tel Aviv, han documentado cómo la exposición crónica a traumas ha sido integrada en la subjetividad nacional como un sistema
de alerta emocional flexible.
Cada amenaza iraní parece alimentar más innovación, más cohesión interna en momentos clave, aunque no sin tensiones democráticas. La adversidad no se sufre:
se metaboliza: es el Iron Dome emocional.
La guerra con Irán no es sólo una batalla por la supervivencia nacional (también regional): es además una guerra de narrativas. Israel busca no sólo defenderse, sino
redefinirse ante el mundo. Ya no como víctima perpetua, sino como actor complejo, emocionalmente blindado y culturalmente productivo en la tormenta.
Una paradoja para pensar: cuanto más peligrosa se vuelve la región, más sofisticada surge la respuesta israelí. Y aunque las heridas siguen abiertas -con civiles desplazados, jóvenes movilizados, destrucción, muertes, y una tensión siempre
Latente-, hay un movimiento psicosocial que ya no reacciona desde el miedo, sino desde la reconfiguración.
En esta guerra Israel estimula una identidad renovada. Vemos como la población israelí, más allá de la resiliencia, ha desarrollado la antifragilidad identitaria.
*El Dr. Jorge Weil es médico psiquiatra y psicoanalista.
















