Sivan Rahav Meir
Cuánta oscuridad y tristeza en el primer día de la luz: 16 personas asesinadas en un atentado en Australia, en el momento en que se encendía la primera vela de Janucá. ¿Qué hacemos? Intentemos esta mañana aprender del rabino Eli Shlanger, z”l, emisario de Jabad que organizó el evento y fue asesinado:
La primera reacción: una fe pública y firme.
Hace aproximadamente un mes, el rabino Shlanger envió una carta contundente al primer ministro de Australia, frente al aumento del antisemitismo y del apoyo de su gobierno a los palestinos. He aquí un fragmento de sus palabras:
“Como rabino en Sidney, le imploro a usted que no traicione al pueblo judío ni traicione a Di’s.
La Tierra de Israel fue dada por Di’s a Abraham, Itzjak y Yaacov para que sea la patria eterna del pueblo judío.
A lo largo de la historia, los judíos han sido arrancados de su tierra una y otra vez por líderes que hoy son recordados con desprecio en los libros de historia.
Usted tiene ahora la oportunidad de ponerse del lado de la verdad y de la justicia, de ponerse del lado de las palabras de Di’s.
Si usted elige este camino, será recibido en mi casa con los brazos abiertos e incluso con una cálida comida de Shabat…
Lo bendigo de antemano para que tenga el valor de retractarse de la traición, de oponerse a la herejía y de elegir hacer lo que es correcto”.
Pero después de estas palabras tan firmes, dirigidas a un primer ministro, ¿qué hacemos en la práctica, en nuestra vida cotidiana?
Aquí está el segundo legado del rabino Eli.
Hace un año, en Janucá, publicó un video sencillo y alegre, bajo el título: “¿Qué hacer frente al antisemitismo?”. Y ésta fue su respuesta práctica: se filmó a sí mismo instalando una Janukiá en el techo de su auto, bailando con alegría por la calle, y proponiendo a los espectadores del video: ¿También ustedes quieren una Janukiá para el auto o para la casa? Envíenme un mensaje.
El primer ministro de Australia no respondió, y lamentablemente ya no es posible enviarle mensajes al rabino Eli. Pero sus dos mensajes resuenan hoy con aún más fuerza:
Fortalecer nuestra fe, expresarla con una voz clara y nítida, y añadir en la práctica más Mitzvot y buenas acciones, que aporten más luz al mundo.
En su memoria.
















