Rabino Dr. Josh Joseph
Esta semana, la terrible noticia del ataque antisemita durante el encendido de la Menorá de Jabad en Sidney, Australia, nos conmocionó a todos. Esto no hace más que agravar la tristeza y el miedo que ya experimentan muchos judíos. Una división política cada vez más profunda en Estados Unidos, un conflicto interminable en Israel, luchas internas entre nuestros compatriotas judíos en Tierra Santa, un antisemitismo creciente tanto en la izquierda como en la derecha, y en nuestra comunidad judía aún sentimos el peso de la tremenda pérdida del rabino Moshe Hauer, zt”l. Es muy fácil mirar a nuestro alrededor y sentirnos desesperados.
Hace tres semanas, la Conferencia de Presidentes de las Principales Organizaciones Judías recibió a cinco rehenes liberados y a sus familiares antes de que viajaran a reunirse con el presidente Donald Trump. Cada uno compartió su conmovedora historia, pero un comentario sobresalió. Cuando le llegó el turno de hablar, Segev Kalfon describió las terribles pruebas que superó, y en particular, la falta de agua potable, libre de suciedad, insectos e incluso gusanos, lo que afectó gravemente su higiene y salud. Luego tomó la botella de agua que tenía delante y dijo: “Sólo quiero decir que estoy agradecido por el agua potable”.
Si había alguien que tenía motivos para quejarse, ese era Segev, y, sin embargo, él me enseñó cómo un cambio de perspectiva puede llenarnos de gratitud.
Nuestra tradición nos enseña (Avodá Zará 8a) sobre la prehistoria de la festividad de Janucá. Durante el primer invierno, Adán observó cómo los días se acortaban cada vez más y las noches oscuras se alargaban cada vez más. Lleno de miedo y desesperación, creía que la luz menguante significaba su muerte inminente; oró y ayunó durante ocho días. Y entonces, un día, notó que los días repentinamente comenzaban a alargarse. Celebró el solsticio de invierno, recordándole a él y a sus hijos que “no hay lugar para la desesperanza” y que las noches oscuras, con paciencia y la perspectiva correcta, pueden transformarse en mañanas gloriosas.
Hay un famoso debate entre Shammai y Hillel sobre cómo encender las velas en Janucá. Shammai sugiere que comencemos con ocho velas y que cada día quitemos una. Hillel argumenta que comencemos con una y agreguemos una vela adicional cada noche. Rav Avraham Itzjak Kook explica que Shammai y Hillel no están discutiendo, se están enfocando en fenómenos en competencia. Shammai está describiendo lo que se conoce como yeridat hadorot, el declive de la espiritualidad y la grandeza que crece con cada generación. Hillel reconoce tal declive, pero argumenta que, con el declive de las grandes luces de cada generación, hay simultáneamente una aliát hadorot, una luz cada vez mayor que se puede encontrar entre las masas.
A pesar de las desgarradoras noticias de Sídney, nos consuelan las heroicas acciones de Ahmed al-Ahmed al desarmar a uno de los atacantes y las efusivas muestras de amor, unidad y apoyo de todo el mundo judío. A pesar de los nuevos adversarios que siguen surgiendo, hemos recibido palabras de aliento de líderes religiosos y las acciones de personas completamente desconocidas que apoyan al pueblo judío. A pesar de la división política, en la OU hemos experimentado el apoyo bipartidista a muchos de los valores por los que luchamos a diario. Y a pesar de la terrible pérdida del rabino Hauer, zt”l, hemos visto cómo nuestro equipo en la Unión Ortodoxa ha dado un paso al frente y ha seguido adelante con una renovada determinación.
La ley judía concuerda con la sentencia de Hillel. Durante esta festividad de Janucá, al encender con orgullo y valentía nuestras menorás, se nos insta a centrar nuestra atención en la creciente luz que nos rodea, en cómo las oscuras noches del exilio darán paso a la brillante luz de la redención y en la suerte que tenemos de recibir las increíbles bendiciones de la vida, como un vaso de agua limpia.
Le deseo a usted y a los suyos un Janucá iluminado, brillante y agradecido.
*Vicepresidente Ejecutivo y Director de Operaciones
















