Sivan Rahav Meir
Hay una costumbre antigua y especial en Janucá: después de encender las velas de Janucá, detenerse un poco. Dejar el celular a un lado, permanecer junto a las velas, contemplarlas, rezar, cantar, estudiar Torá, conversar con los miembros de la familia. No realizar ningún trabajo durante ese tiempo. Detener la carrera por un momento. Admirar la luz de las velas, más que admirar la luz de todas las demás pantallas.
Rabí Pinjás de Koretz, uno de los primeros líderes del movimiento jasídico, dijo:
“En Janucá, en el momento del encendido de las velas, desciende el Or HaGanuz -la luz oculta- y por eso cada persona debe sentarse, después del encendido, junto a sus velas durante aproximadamente media hora”.
¿Qué es esta luz? No es sólo una vela y un fósforo. Cuando encendemos las velas de Janucá, una luz muy grande desciende dentro de nuestro hogar, junto a la ventana o la puerta. Una luz que es el recuerdo del Templo. Una chispa de los días de los Jasmoneos. Por eso hay que recibirla como corresponde. Escuchar lo que las llamas nos relatan.
Están invitados a prepararse con anticipación y simplemente intentarlo hoy, en el encendido de la cuarta vela de Janucá.
















