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La porción diaria: ¡Simplemente hablar!

La porción diaria: ¡Simplemente hablar!

Sivan Rahav Meir

Cada año vuelvo a publicar esta idea tan sencilla, y cada vez recibo reacciones sorprendentes sobre lo mucho que funciona.

Así que aquí está lo que me escribió hace algunos años el rabino Dael Cohen, de la comunidad “Rosh Yehudí” en Tel Aviv:

“Muchas veces todo parece estancado en la vida. Lo mismo pasa en la Parashá de esta semana, Parashat Vaigash, parece que no hay salida. Los hijos de Yaakov, nuestro Patriarca, descienden a Egipto debido al hambre que hay en la tierra de Israel y se encuentran frente al gobernante egipcio, que insiste en retener a Biniamín, su hermano menor. Ellos no saben que este gobernante es en realidad su hermano Yosef. No está claro para ellos cómo podrán salir de esta situación.

Muchas veces nos encontramos en situaciones que nos intimidan. Puede tratarse de un alumno o un maestro que se siente incomprendido, una pareja que ha caído en una crisis, padres a los que les cuesta hablar con sus hijos. Te sientes cerrado y te chocas con muros que parecen impregnables, y todo se complica.

¿Qué se hace en situaciones así? Cuando duele, se habla. Se cuenta. Así comienza la Parashá: ‘Y Yehudá se acercó a él’. Yehudá simplemente se acerca al gobernante egipcio y clama desde lo más profundo del corazón. Yehudá relata en la Parashá toda la historia, incluyendo toda su sensibilidad y todas sus dificultades. Habla con fluidez y con sinceridad, comparte sus sentimientos y sus temores, y no se avergüenza de expresar su angustia ni de corregirse y buscar reparar sus actos pasados.

Y entonces ocurre lo increíble: Yosef ya no puede contenerse y les revela a los hermanos que él no es un duro gobernante egipcio, sino es Yosef, su hermano perdido. Los hermanos lloran, se emocionan y se reencuentran, y después de años de desconexión, todo cambia para bien. Dos minutos antes, Yehudá ni siquiera se imaginaba que algo así pudiera suceder.

Cuando se empieza a hablar de verdad, con toda la fuerza, compartiendo con honestidad, de pronto los muros caen. Pruébenlo en casa. También están invitados a compartir qué ocurrió. ¡Éxito!”

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