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Shabat Shalom Semanal Parashat Vaerá

Shabat Shalom Semanal Parashat Vaerá

Rab Itzjak Zweig

Va’eira (Éxodo 6 – 9)

¡Buenos días! Pedir un favor puede ser difícil, por eso suele haber un calificativo: “Sólo tomará un minuto” o “No te preocupes, es facilísimo”. Esta tendencia a minimizar la petición se debe a que a nadie le gusta la sensación de estar en deuda. Encontramos este sentimiento reflejado en la sabiduría del rey Salomón: “El que toma prestado es siervo del que presta” (Proverbios 22:7). Por lo tanto, uno minimiza el favor para disminuir su obligación.

La palabra hebrea para “gracias” es “todá“, que etimológicamente se relaciona con las palabras admisión (lehodot) y confesión (vidui). Esto no es casual. Un “gracias” es una admisión o confesión de que te debo algo.

Por eso es tan difícil la gratitud genuina. También es una de las razones por las que mantenerse feliz suele ser un reto. Si una persona es feliz, lo más probable es que le deba algo a alguien, lo cual es una situación incómoda. Aunque parezca una locura, algunos prefieren permanecer infelices que sentir que tienen una deuda de agradecimiento.

El deseo de evitar la sensación de deber es también la lógica detrás del siguiente consejo irónico que escuché una vez: “¿Tienes un amigo pesado que no te deja en paz? Préstale dinero y no volverás a verlo ni a saber de él”.

La obligación también puede ser caldo de cultivo para el resentimiento. Ésta es una de las razones más frecuentes por las que las personas se alejan de la religión. Hace poco hablé con una joven millennial que reconoció que sabe que tiene alma, pero que jamás se imaginó siendo religiosa. Tras unos minutos de conversación, quedó claro que la razón por la que no quería ser religiosa era porque no quería que le dijeran qué hacer y sentirse controlada.

No está sola. Hay muchas personas que se adhieren a creencias religiosas, pero a la vez mantienen un resentimiento subyacente hacia las normas que deben seguir. Se sienten constreñidas por horarios de oración, restricciones alimentarias o actos prohibidos (como conducir en Shabat). En su interior, lamentan la pérdida de autonomía.

Ésta es una perspectiva superficial e inmadura (además de ser una forma miserable de vivir una vida religiosa). Imaginen por un momento a un niño que se resiente cuando le dicen qué hacer y grita: “¡Tú no mandas!”. Los niños pequeños no entienden por qué no pueden trasnochar, comer helado y dulces a las 3 de la mañana o jugar a la pelota en la calle. Consideran que la estructura y los límites que les imponemos son muy restrictivos. Pero, en algún momento, empiezan a darse cuenta de que les imponemos ciertos límites para que estén sanos, felices y seguros.

La vida sin estructura sería miserable. Satisfacer cualquier deseo es imposible, ilógico y desaconsejable. No serás más feliz, más sano ni más pleno bebiendo hasta el aturdimiento a diario, durmiendo hasta las 2 de la tarde o teniendo una aventura extramatrimonial.

A medida que maduramos, reconocemos el valor de la estructura y nos comprometemos a intentar llevar un estilo de vida saludable, a establecer y alcanzar ciertas metas (educación, carrera, etc.) y a cultivar y mantener relaciones personales. De esta manera, sabemos que nos estamos preparando para aprovechar al máximo la vida. La religión, en su forma más pura, comparte el mismo objetivo y propósito.

Según el gran filósofo medieval, el rabino Moshe Jaim Luzzato (también conocido como Ramjal), un principio fundamental del judaísmo es que Di’s es perfecto y, por lo tanto, no necesita nada. No necesita que la humanidad siga sus mandamientos.

La única razón por la que Di’s creó el universo fue para otorgarle el bien a la humanidad. La Torá es un manual que contiene la fórmula divina para que el ser humano viva la mejor vida posible y reciba el máximo bien. Cualquiera que experimente un Shabat verdaderamente significativo comprende el valor de mantenerlo sagrado. La Torá ofrece una estructura que permite maximizar y experimentar adecuadamente el propósito de la creación y de toda la existencia.

Desafortunadamente, quienes tienen una perspectiva miope pierden naturalmente la perspectiva general. Como niños pequeños, se centran en su falta de independencia y pasan por alto por completo por qué el Todopoderoso otorgó el regalo de la Torá a la humanidad. Tratan a Di’s y a la Torá como una molestia, algo que deben soportar.

Debido a sus sentimientos de represión, tienen una relación ambivalente con Di’s. Me recuerda a la mujer que contó que su jefe le dijo que esperaba ser tratado como un dios: “Así que ahora solo hablo con él cuando necesito algo”.

Encontramos una lección similar en la parashá de esta semana: “Y Eleazar hijo de Aarón tomó de las hijas de Futiel por mujer” (Éxodo 6:25).

Según los sabios, la mujer con la que se casó Eleazar era hija de Itró. El Talmud explica que Itró también se llamaba Putiel porque pitaim en hebreo significa “engordó”, y él es una referencia a una deidad. Por lo tanto, “Putiel” se refiere a que Itró engordaba terneros para ser sacrificados en la idolatría.

Los sabios también nos dicen que antes de que Itró se convirtiera al judaísmo, participó en todo tipo de adoración a ídolos; estaba buscando una conexión significativa con Di’s y experimentó con varios servicios religiosos y adoraciones antes de llegar finalmente al judaísmo.

Por lo tanto, el nombre Putiel parece tener una connotación muy peyorativa, ya que se refiere a la época de adoración de ídolos de Itró. Esta alusión al pasado de Jetro parece contradecir la prohibición de ona’at devarim (opresión verbal), que incluye la prohibición de recordarle a un converso su pasado pecaminoso (Éxodo 22:20; Talmud Bava Metzia 58b).

Maimónides incluye en esta prohibición que no se le puede decir a un penitente: “Recuerda tus acciones anteriores”, ni tampoco decirle al hijo de un converso: “Recuerda las acciones de tus antepasados” (Yad Hiljot Mejirá 14:13).

En vista de esto, ¿por qué la Torá lo llama “Putiel”, lo cual alude a que solía engordar los sacrificios para la idolatría? Además, ya había sido presentado como Itró, el suegro de Moisés, así que ¿por qué la Torá vuelve a llamarlo Putiel aquí?

El primer desacuerdo familiar en la Torá trata sobre cómo servir al Todopoderoso y terminó de forma bastante desastrosa. En el libro de Bereshit, encontramos que Caín inicia el concepto de “devolver” al Todopoderoso al construir un altar y ofrecer parte de sus cosechas.

Desafortunadamente, eligió de lo más bajo que tenía. Su hermano Abel, quien sólo se inspiró para ofrecer un sacrificio de acción de gracias después de ver a Caín ofrecer una ofrenda, también le trae una ofrenda a Di’s, pero de lo mejor de sus animales. Di’s decidió rechazar la ofrenda de Caín y aceptar la de Abel.

La diferencia entre ambas perspectivas es significativa: Caín sentía que le debía a Di’s y quería saldar su deuda. Dado que la intención era simplemente librarse de una deuda, la calidad no era significativa. Esto es similar a quienes resienten la obligación de pagar impuestos y deciden manifestar su descontento invocando la ley de acuñación de monedas de 1965 y pagando sus impuestos entregando cientos de miles de centavos en muchísimas carretillas.

Abel, por otro lado, comprendió que Di’s no buscaba un pago, sino una relación con la humanidad. Por ello, sacrificó a sus mejores animales para demostrar que deseaba conectar con Di’s y que consideraba un privilegio ofrecer un sacrificio de acción de gracias.

De manera similar, Maimónides dictamina (Yad Issurei Mizbéaj 7:11) que cuando uno sirve al Todopoderoso siempre debe esforzarse por traer lo mejor o construir la mayor calidad disponible, señalando que aprendemos este enfoque de Abel.

Esto es lo que la Torá nos enseña sobre Eleazar. Eleazar estaba particularmente interesado en casarse con una mujer que provenía de alguien que comprendía que servir a Di’s es un privilegio. Incluso cuando adoraba ídolos, Itró comprendió instintivamente que lo correcto era ofrecer los mejores becerros a su deidad. Así fue como adquirió el nombre de Putiel.

Eleazar (quien más tarde sucedió a su padre Aarón y se convirtió en el Sumo Sacerdote del Tabernáculo) quería incorporar este aprecio por servir a Di’s de la manera más elevada posible, así que buscó a una mujer que viera este mismo atributo en el hogar de su padre. Se casó con ella específicamente porque su padre había engordado becerros para la idolatría, lo cual indicaba que servir al Todopoderoso es un privilegio.

Porción semanal de la Torá

Va’eira, Éxodo 6:2 – 9:35

Aquí está la historia de las Diez Plagas, que Di’s envió sobre los egipcios no solo para liberar al pueblo judío de la esclavitud, sino también para mostrar al mundo que Él es el Di’s de toda la creación y la historia. Las primeras nueve plagas se dividen en tres grupos: 1) el agua convertida en sangre, ranas y piojos; 2) fieras, peste/epidemia y úlceras; 3) granizo, langostas y oscuridad.

El rabino Shimshon Raphael Hirsch explica que estos eran castigos medida por medida por afligir al pueblo judío con la esclavitud: 1) El primero de cada grupo reducía a los egipcios en su propia tierra a la inseguridad de los extraños. 2) El segundo de cada grupo les robaba el orgullo, las posesiones y el sentido de superioridad. 3) El tercero de cada grupo imponía sufrimiento físico.

Encendido de las velas de Shabat
(o vaya ahttps://go.shabbatshalom.org/e/983191/sh-c-/m68vq/1722461358/h/Qmj56f3GmvadgXQkvVr-ho2XX1vfonIFC0C7QjInoo8)
Jerusalén 4:22
Miami 5:34 – Ciudad del Cabo 7:41 – Guatemala 5:34
Hong Kong 5:43 – Honolulu 5:53 – Johannesburgo 6:46
Los Ángeles 4:49 – Londres 4:07 – Melbourne 8:25
México 6:01 – Moscú 4:12 – Nueva York 4:36
Singapur 6:57 – Toronto 4:49

Cita de la semana

Cambia tu forma de ver las cosas, y las cosas que ves cambiarán.
— Dr. Wayne W. Dyer

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