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Cuando los judíos de Irán compraron la tumba de Ester y Mordejai

Cuando los judíos de Irán compraron la tumba de Ester y Mordejai

Daniela Cohen

Foto: Ciro, el sha y el mausoleo de Ester y Mordejai (Ilustración: IA/IE)

De la “luna de miel” con el Sha a las banderas de Hezbollah: la historia de cómo los judíos persas adquirieron legalmente su sitio más sagrado en Hamadán. Un relato de ambición patrimonial que sobrevive como sostén legal frente al vandalismo moderno.

Hace muchas décadas, la relación entre Israel e Irán, la moderna Persia, pasaba por carriles muy distintos a los actuales: en lugar de misiles y aviones de guerra, el contacto pasaba por un alineamiento común con el bloque occidental y una herencia histórica compartida. Una conexión reflejada perfectamente un intrigante y ambicioso episodio relacionado con la tundra de los héroes de Purim.

En 1968, mientras el Sha de Irán Mohammad Reza Pahlavi se preparaba para celebrar los 2.500 años del Edicto de Ciro el Grande, la comunidad judía local ejecutó una de las maniobras patrimoniales más audaces de su historia moderna: la compra formal de la tumba de Ester y Mordejai.

Lo que hoy es un sitio de acceso restringido y objeto de constantes tensiones políticas, fue en su momento una operación administrativa de alto nivel entre representantes judíos en el parlamento y el régimen persa, que buscaba consolidar la imagen del Sha como el “Nuevo Ciro”, heredero de la tolerancia religiosa del antiguo imperio.

El umbral de la memoria

Todavía hoy, en el corazón de la moderna ciudad de Hamadán, la antigua Ecbatana, existe una puerta de piedra de apenas un metro de altura que obliga a todo visitante a inclinarse para entrar. “Para entrar, uno debe agacharse, casi hacer una reverencia”, describe el cronista de viajes Jacob Maor en una reciente reseña para el Jerusalem Post.

No es sólo un gesto de respeto arqueológico; es el ingreso a un mausoleo que, según la tradición de los judíos de Persia, alberga los restos de Ester y Mordejai, los grandes protagonistas de la historia bíblica de Purim, quienes habrían escapado a Hamadán tras la muerte del rey Asuero para vivir sus últimos años entre la comunidad local.

La “urgencia” del Sha y la audacia judía

Documentos del Archivo Central para la Historia del Pueblo Judío citados en un artículo del 2020 del blog de la Biblioteca Nacional de Israel señalan que la iniciativa se formalizó mediante una “vigorosa correspondencia” iniciada en 1968. El director general del Departamento de Arqueología iraní, Abdolali Pourmand, mostró una impaciencia inusual al presionar a Lotfollah Hay, representante de los judíos en el parlamento, para que la comunidad respondiera de forma afirmativa, recuerda la nota.

Cilindro de Ciro, en conexión con la tumba de Ester y MordejaiFoto: El Cilindro de Ciro (Foto: CC)

La urgencia era política: el régimen necesitaba que el sitio -entonces propiedad del Banco Bazargani– estuviera rehabilitado y bajo control para las celebraciones de 1971. El Sha quería proyectar internacionalmente una imagen de protección hacia las minorías y los sitios históricos.

Por su parte, la comunidad judía supo leer este momento de “luna de miel” y avanzó con una agenda ambiciosa que incluía la construcción de una escuela vocacional, un hospital y hasta una exposición sobre “derechos humanos basados en la Torá”. Finalmente, el 18 de enero de 1970, se aprobó el traspaso legal de los terrenos a manos de la comunidad.

Entre la leyenda y el vandalismo actual

Décadas después de esa “luna de miel”, el interior del mausoleo, descrito por Maor a través de fotografías recientes, conserva ataúdes de concreto, revestidos en caoba pulida con versos de la Meguilá en grandes letras hebreas. El sitio guarda también el misterio de la corona de oro de Ester, que según la leyenda fue robada hace un siglo y hoy se encontraría oculta en los depósitos del Museo del Louvre.

Pero la realidad actual es drásticamente distinta a la de 1968. Desde el 7 de octubre del 2023, el día del brutal ataque de Hamas contra el sur de Israel, banderas palestinas y del grupo islamista Hezbollah cuelgan del cartel de entrada.

El complejo sufrió intentos de incendio, como el del 14 de mayo del 2020, que dejó paredes ennegrecidas y alfombras quemadas.

Pese a que activistas anti-israelíes piden regularmente reemplazar el sitio por un consulado palestino, el centro histórico de Hamadán fue reconocido en el 2024 como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Aquella compra de 1970 sigue siendo, hasta hoy, el sostén legal que permite que el sitio “insista en existir”, pidiendo a cada visitante que baje la cabeza, no ante un rey, sino ante la memoria.

Foto: El mausoleo de Ester y Mordejai (Foto: Wikimedia)

La fuerza de la historia

En estos tiempos de guerra, no está de más recordar quién fue Ciro el Grande, mencionado en la Biblia como un agente elegido por Di’s, celebrado por los filósofos griegos como el rey ideal, y la obsesión del último Sha de Irán.

Para entender la importancia simbólica que el monarca buscaba explotar en 1968, es fundamental la figura de Ciro II el Grande, fundador del Imperio Aqueménida en el siglo VI antes de la era cristiana.

Tras conquistar Babilonia en el 539 de esa era, Ciro rompió con la tradición de brutalidad de los imperios anteriores y promulgó lo que muchos historiadores consideran la primera declaración de derechos humanos, el edicto que lleva su nombre.

Grabado en un cilindro de arcilla, el texto explicaba la decisión del monarca de permitir que los pueblos conquistados regresaran a sus tierras y a sus cultos religiosos, una política de tolerancia que marcó un hito en la gobernanza de la antigüedad y que consolidó a Persia como un imperio multiétnico y multicultural.

Para el pueblo judío, Ciro ocupa un lugar de honor único. Su decreto permitió el fin del cautiverio en Babilonia y el retorno a Judea para reconstruir el Segundo Templo de Jerusalem. Una conexión que, ciertamente y de acuerdo con las cronologías, en estos tiempos parece estar a cientos de años de distancia.

(Israel económico)

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