Foto: La bandera de Azerbaiyán (Foto: Magnific)
A través de la estatal SOCAR, Azerbaiyán —un nuevo y sólido amigo estratégico de Jerusalem— despliega una agresiva estrategia que combina activos en aguas de Israel con alianzas con rivales como Turquía y Qatar, consolidando un pragmatismo corporativo que funciona como “seguro de emergencia” energético de la región
La llegada en setiembre de un buque sísmico para reactivar la exploración de gas en el Bloque I —un área de 660 millas cuadradas en el norte de las aguas israelíes en el Mediterráneo, adyacente al megayacimiento Leviatán— formalizará el desembarco de la estatal azerí SOCAR, el nuevo jugador clave del negocio energético en la región, donde ya controla activos de producción y suministro mientras diversifica su estructura financiera mediante acuerdos con Arabia Saudita.
El proyecto, donde SOCAR lidera un consorcio integrado en partes iguales junto a British Petroleum (BP) y la local NewMed Energy, representa la primera campaña de exploración activa en Israel desde el 2022. Aunque el grupo obtuvo los derechos del bloque en el 2023, el estallido de la guerra en Gaza congeló la adjudicación oficial hasta marzo del año pasado, sumando luego demoras adicionales por la suspensión temporal de permisos de exportación a Egipto y la salida de competidores europeos como la italiana ENI, lo que postergó el arribo del buque de muestreo sísmico 3D.
Ese estudio sísmico constituye la primera etapa activa de la exploración de gas. “Requiere un buque especializado que debe reservarse con meses de antelación y navegar durante aproximadamente un año por toda el área del bloque para localizar posibles reservas de gas”, describió el portal Globes al dar la noticia.
Luego, una vez evaluadas las probabilidades de hallar gas, añadió la publicación, se llevan a cabo perforaciones de exploración: “es esa fase la que determina finalmente si se descubrió o no un nuevo yacimiento de gas en Israel”, que en los últimos años se convirtió en una potencia energética regional gracias a las reservas halladas en sus aguas del Mediterráneo.
El “seguro de emergencia” azerí
El avance de la firma azerí se aceleró con la inestabilidad de la región. Mientras los envíos de gas israelí a Egipto y Jordania se interrumpieron tres veces desde fines del 2023 a causa del conflicto militar que estalló tras el ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre de ese año, SOCAR fue penetrando «cada una de las capas del negocio» del gas que administra el gobierno de Jerusalén, apuntó el sitio Caspian Post.
Hoy, la compañía de Azerbaiyán controla el Bloque I, retiene el 10 por ciento del yacimiento Tamar y despacha tres barcos mensuales de GNL a Egipto, una acumulación de poder que llevó a los analistas del website regional a destacar que “ninguna otra compañía extranjera concentra tantas posiciones en torno al gas israelí”.
Esta red de negocios funciona, en la práctica, como un seguro de emergencia para los vecinos de Israel que dependen de su gas. Cada vez que el conflicto bélico obliga a cerrar los yacimientos israelíes —como ocurrió durante más de un mes por la guerra contra Irán que arrancó en febrero último y que llevó al cierre por represalia del estrecho de Hormuz—, países como Jordania y Egipto sufren apagones o tienen que pagar facturas millonarias para comprar combustible de apuro en otros mercados.
Ahí es donde entra la flexibilidad de la firma azerí, enviando barcos con gas licuado para cubrir los baches. En el sector definen esta estrategia como una «ingeniería de resiliencia»: el gas de Azerbaiyán no busca reemplazar los contratos millonarios que Egipto ya tiene con Israel, sino funcionar como un pulmón de reserva para cuando la guerra y los misiles interrumpen el flujo energético.
Foto: La plataforma israelí en el yacimiento Tamar, en el Mediterráneo (Foto: Albatross Aerial Perspective Ltd.)
Negocios en los que entran Israel, Azerbaiyán, Egipto o Siria
El rol azerí se recorta sobre un escenario impensado hace apenas un par de décadas, con países árabes que dependen del gas israelí, uno de los tantos laberintos geopolíticos que pasan desapercibidos para quienes creen que la situación en el Medio Oriente se puede leer en blanco y negro.
Por ejemplo, Caspian Post recordó que Jordania, “que obtiene aproximadamente el 68 por ciento de su electricidad del gas natural —y más de la mitad de este a través de gasoductos israelíes—, pagó una cifra estimada de 2,5 millones de dólares diarios en costos adicionales de combustible durante la interrupción de los meses de marzo y abril” de este año.
“La factura de Egipto por la importación de GNL se triplicó” en el primer trimestre del 2026, pasando de 560 millones a 1.650 millones de dólares. El yacimiento Leviathan reanudó las exportaciones el 2 de abril, y Karish hizo lo propio una semana más tarde, pero los riesgos son permanentes y El Cairo y Amman «están preparando alternativas por si el suministro de gas israelí vuelve a interrumpirse».
Gas y diplomacia
En este mapa multipolar, los negocios avanzan sobre andariveles independientes de las tensiones diplomáticas. En los mismos yacimientos israelíes, SOCAR comparte cartel con la norteamericana Chevron y con firmas de los Emiratos Árabes Unidos como Mubadala Energy y ADNOC, integrándose a la red de inversiones nacida de los Acuerdos de Abraham.
Pero el pragmatismo de Bakú va más allá. Mientras extrae gas en aguas de Israel, la estatal azerí se asoció con la turca BOTAŞ y la qatarí UCC Holding —dos actores cuyos gobiernos mantienen una fuerte rivalidad política y estratégica con Jerusalén— para un proyecto que lleva gas del Mar Caspio a través de territorio turco para reactivar centrales eléctricas en Siria.
Esta capacidad de SOCAR para actuar como un intermediario neutral y un vaso comunicante es vista en el sector como un activo estratégico, donde la viabilidad comercial termina pesando más que los alineamientos ideológicos. Algunos analistas piensan que es además un escalón que el gobierno de Azerbaiyán quiere utilizar para convertirse en un país capaz de acercar posiciones en una región convulsionada.
El broche de oro de esta estrategia de diversificación es su reciente alianza con capitales de Arabia Saudita. SOCAR selló un acuerdo hasta 2027 con la Corporación Islámica para el Desarrollo (ICD), un brazo financiero con sede en el reino saudí, para estructurar financiamiento bajo las reglas de la ley islámica. A diferencia del crédito occidental tradicional, este formato no cobra intereses, sino que funciona como una sociedad donde se comparten los riesgos y las ganancias del proyecto.
Para la compañía de Bakú, el pacto representa una jugada maestra: consigue fondos preferenciales garantizados por los propios activos del negocio, lo que le da el músculo necesario para seguir financiando su expansión en mercados clave de Asia Central y Medio Oriente sin sobrecargar las deudas de su balance principal. En un tablero donde la energía y la política rara vez caminan separadas, Azerbaiyán demostró que el pragmatismo corporativo puede ser el mejor puente.
(Israel económico)














