Sivan Rahav Meir
“Por primera vez en Israel: un Concurso Bíblico para estudiantes de educación especial. Con profundo respeto y emoción, los invitamos a compartir con nosotros este concurso, único en su tipo.” Con estas palabras, la invitación oficial, anunciaba el evento el cual tuve el privilegio de presentar el jueves pasado, en el kibutz Ashdot Yaakov.
Desde hace 18 años funciona allí el Colegio de Habilidades para la Vida, fundado por Yardena Amsalem para su hijo Eran, quien tiene necesidades especiales, y para otros jóvenes en una situación similar.
Hace aproximadamente un año, Yardena decidió organizar, por primera vez, un Concurso Bíblico, un Jidón Tanaj dirigido a esta población. La respuesta fue extraordinaria. Numerosos centros de AKIM (la asociación israelí para personas con discapacidad intelectual), escuelas para personas con discapacidad y otras instituciones de atención a personas minusválidas se unieron a la iniciativa y se prepararon con entusiasmo. Finalmente, llegó el gran día.
Cada institución presentó un grupo de representantes. Hubo discursos de bienvenida, un distinguido jurado y, sobre todo, preguntas realmente difíciles.
Les dije a los participantes que ellos suelen ser llamados “personas con discapacidad”, pero que cuando se trata del alma y de su vínculo con la Torá y con Di’s, no existe ninguna discapacidad. Hay una conexión que trasciende las limitaciones del cuerpo. Y enseguida lo demostraron. El concurso se centró en el libro de Bereshit, el libro de Génesis, y el dominio que tenían de cada detalle era impresionante: las fechas, los años, los hechos, así como el mensaje y el significado de los textos.
Una de las participantes, Bat El Maimon, del kibutz Mizra, nos impresionó de manera especial. Le costaba pronunciar las palabras, pero luchó con determinación para responder una pregunta tras otra. Por ejemplo, cuando le pregunté qué simboliza el nuevo nombre de Israel que le fue dado a nuestro patriarca Jacob, ella respondió: “La capacidad de enfrentar y superar los desafíos”. Una respuesta llena de significado en un momento como éste.
No hubo sólo un ganador. Al final, todos recibieron el mismo certificado de reconocimiento, y dos de los participantes subieron al escenario para cantar la canción “Kanfei Rúaj” – Alas del Espíritu”.
El rabino Abraham Isaac Kook, autor de la letra, emprendió en su época un recorrido por los kibutzim y moshavim del norte de Israel, comunidades que entonces estaban alejadas del judaísmo. Aproximadamente cien años después, en estos mismos lugares se celebró este concurso, con participantes de Ashdot Yaakov y Mizra, quienes además cantaron las palabras del rabino Kook: “Ser humano, elévate, asciende a lo alto; tienes alas de espíritu.”














