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¡Hermanos!

¡Hermanos!

Sivan Rahav Meir

¿Cómo definirían en una sola palabra las relaciones entre los miembros de nuestro pueblo? La Torá tiene una respuesta contundente y, a la vez, conmovedora. Este sábado por la mañana se leerá en todas las sinagogas del mundo la Parashá “Ki Tetzé”.

Es la Parashá que contiene la mayor cantidad de mitzvot, la mayor cantidad de preceptos de toda la Torá: 74 preceptos de los 613 que hay – o sea más del diez por ciento. Incluye mandamientos relacionados con la familia, la economía, la guerra, la agricultura y muchos otros temas más. Desde la mitzvá de vestir tzitzit hasta la obligación de construir una baranda de seguridad en el techo de la casa, para evitar que alguien pueda caer, Di’s no lo permita.

Y, dentro de toda esta sucesión de instrucciones, ¿cómo describe la Torá el vínculo que existe entre nosotros? Cuando alguien necesita pedir dinero prestado, cuando debe comparecer ante los jueces o cuando construye una casa nueva, ¿Cómo definimos quiénes somos nosotros, los que formamos parte de esta historia? ¿Ciudadanos? ¿Residentes? ¿Miembros de un mismo pueblo?

Pues bien, la Torá elige una y otra vez una sola palabra: “tu hermano” — ajija.

En una gran variedad de situaciones y circunstancias, la persona que está frente a ti sigue siendo “tu hermano”:

“Devuélveselos, devuélveselos a tu hermano… Y si tu hermano no está cerca de ti… así harás con todo objeto perdido de tu hermano… No explotarás al trabajador pobre y necesitado de entre tus hermanos…”

Somos hermanos. Ésta es la base. Es una visión del mundo. Es un recordatorio muy importante que recibimos en la Parashá, incluso antes de entrar a la Tierra de Israel; después, cuando nos establecimos en ella, y a lo largo de todos los años del exilio, en todas las comunidades judías.

Intentemos ponerlo un poco en práctica. Este judío que está frente a ti puede ser tu jefe, el político por quien no votas, o quizá el funcionario, el camarero, el pobre, el rico o tu vecino.

Tenemos muchos tipos de relaciones con muchas personas, pero la palabra que debe guiarnos, por debajo de todas ellas, es: “Tu hermano”.

Shabat Shalom.

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