Sivan Rahav Meir
Una breve frase de Rashi resume toda la historia: el pueblo de Israel ha llegado a la Tierra Prometida y se ha establecido en ella, y cientos de años más tarde, en la parashá Ki Tavó, se nos cuenta acerca de un agricultor que sale a su campo y allí encuentra los primeros frutos (bikurim). Toma el primer fruto y sube con él a Jerusalem. Allí, en una emotiva ceremonia, pronuncia un discurso lleno de gratitud por el pasado y de esperanza por el futuro.
¿Cuál es el significado de esta ceremonia? ¿Por qué hay que emocionarse tanto por un primer higo que creció en el patio?
Rashi lo define así: “Para que no seas ingrato”.
Éste es un tipo de prueba: ¿sabes agradecer por lo que tienes y alegrarte por ello? ¿Sabes reconocer de dónde provino todo y no dar nada por sentado?
La enseñanza aquí es adoptar, de retener esta cualidad al entrar en la Tierra de Israel: reconocer constantemente los momentos de bondad y de generosidad, darles importancia y expresar nuestro agradecimiento por ellos. No dejar de alabar, agradecer y llenarnos de emoción.
A pesar de todas las dificultades y desafíos, los judíos de todas las generaciones, con enorme alegría gustosamente cambiarían su lugar con nosotros en este preciso momento.
Estos versículos de la Parashá también nos invitan a mirar a nuestro alrededor y ver las cosas de esta manera y a agradecer, justamente ahora, para que no nos convirtamos en personas ingratas.















