Foto: Alicia Christin Gerald / Unsplash
¿Y si, en vez de tratar de ignorar el dolor, le prestamos atención? Un estudio israelí descubrió que concentrarse en esas sensaciones puede reducir la respuesta inflamatoria y hacer que el organismo se recupere más rápido, un hallazgo que revela una conexión sorprendente entre lo que sentimos y lo que percibimos en nuestro cuerpo.
Comentando el hallazgo, voceros de la Universidad Bar-Ilan, de Israel, recordaron que estudios previos mostraron que la atención influye en cómo se perciben las sensaciones corporales. Por ejemplo, desviar la atención del dolor o la picazón puede hacer que se sientan menos intensas.
Una nueva investigación del laboratorio de la doctora Liron Rozenkrantz, cuyos resultados fueron publicados en la revista científica Nature Human Behaviour, demuestra que la atención también puede influir en la respuesta inflamatoria del cuerpo.
El experimento, dirigido por la doctora Nofar Mizrachi, experta en psicología cognitiva, y realizado en colaboración con el profesor Menachem Rottem, inmunólogo clínico, contó con la participación de cincuenta y siete voluntarios sanos en tres experimentos preregistrados.
Los participantes se sometieron a un procedimiento estandarizado que provocó una leve respuesta inflamatoria transitoria en la piel. Posteriormente, se les indicó que se concentraran en las sensaciones de la zona afectada o que desviaran su atención hacia otro lugar.
Luego, los investigadores midieron la respuesta inflamatoria durante 20 minutos, junto con parámetros fisiológicos como la variabilidad de la frecuencia cardíaca, la temperatura de la piel y la actividad autonómica.
Una respuesta “sustancial”
El efecto, aseguraron desde la universidad, fue “sustancial y muy consistente”, ya que casi el 90 por ciento de los participantes mostró una respuesta inflamatoria menor al concentrarse en la zona afectada, con respuestas aproximadamente 1,5 veces menores bajo atención interna en comparación con la distracción.
La doctora Rozenkrantz (Foto: Inbal Ravreby)
Las diferencias surgieron en cuestión de minutos, y la respuesta también mostró un retorno más rápido al nivel basal.
“Lo que resultó particularmente llamativo fue que dirigir la atención hacia la zona inflamada no solo cambió la experiencia de los participantes, sino también la respuesta inflamatoria en sí”, afirmó Rozenkrantz.
Eso, continuó,”plantea la posibilidad de que nuestra experiencia subjetiva de lo que ocurre en el cuerpo no sea solo un proceso pasivo, sino que pueda estar contribuyendo activamente a la regulación de las respuestas fisiológicas”.
El cerebro y las señales del cuerpo
El reporte de la universidad israelí indicó que los investigadores identificaron dos vías complementarias que contribuían al efecto. Una implicaba señales sensoriales provenientes del tejido inflamado, y la otra era un mecanismo descendente mediante el cual la atención seguía influyendo en la inflamación incluso cuando las señales sensoriales se reducían con anestesia local.
En conjunto, los hallazgos sugieren que la atención puede influir en la inflamación a través de vías tanto sensoriales como descendentes. En términos más generales, sugieren que la forma en que el cerebro prioriza las señales del cuerpo puede tener consecuencias en la autorregulación del organismo, añadió el informe.
Los expertos reconocieron que todavía queda por determinar si los mismos mecanismos se aplican a la inflamación crónica, las enfermedades autoinmunes, la cicatrización de heridas u otras afecciones. El siguiente paso, afirmaron, es identificar las vías cerebrales e inmunitarias precisas implicadas y determinar si se producen efectos similares en otros sistemas fisiológicos.
















