Sivan Rahav Meir
En Yom Kipur estuvimos en el kibutz Gevim, cerca de Sderot. En decenas de moshavim y kibutzim se están construyendo en este momento nuevas sinagogas, y allí en Gevim también.
Antes de Yom Kipur, los habitantes del kibutz nos contaron, emocionados, acerca de la nueva sinagoga, que recibió el nombre de Shlomi Davidovitch Z¨L, de bendita memoria, quien era miembro del kibutz que murió el 7 de octubre.
Estábamos seguros de que rezaríamos allí. Pero, al final, nuestros anfitriones nos llevaron a la biblioteca. “La sinagoga es demasiado pequeña para Yom Kipur”, explicaron. “Necesitamos un espacio más grande”.
Tenían razón. Unas 150 personas participaron en las oraciones de Kol Nidré y Neilá, e inclusive allí, en la biblioteca, había poco espacio.
A mi lado, en la sección de las mujeres, estaba Ofra Davidovitch, viuda de Shlomi, junto a sus hijas. Ofra miraba con orgullo a su hijo, Beeri, que acababa de celebrar su Bar Mitzvá y estaba ayunando por primera vez.
“Ellos nos atacaron porque somos judíos. Entonces, seremos aún más judíos”, me dijo. “Miro a mi alrededor y sé que Shlomi está orgulloso de nosotros”.
Gracias al kibutz Gevim y a la organización Ayelet Hashajar por estas 24 horas tan especiales en un lugar tan especial.
Que nuestras oraciones sean recibidas.
Y esto me parece una hermosa bendición para el mundo judío que está renaciendo: que las sinagogas nos queden pequeñas, de tanto amor…
















