Sivan Rahav Meir
A veces, no hay palabras. Me parece que desde ayer por la mañana todos sentimos una mezcla de preocupación, admiración, escalofríos y alegría. Y cada nuevo relato sobre el avión de FlyDubay que estuvo a punto de estrellarse, y sobre su salvación, no hace más que aumentar nuestro sentido de inmenso agradecimiento: agradecimiento a Di’s, agradecimiento a las personas que actuaron allí con valentía, agradecimiento porque todos los pasajeros regresaron sanos y salvos a sus hogares y, en realidad, agradecimiento por cada detalle de este suceso inimaginable.
Podríamos habernos despertado esta mañana leyendo sobre 174 funerales, Di’s no lo permita, y entrar llorando en la festividad de Simjat Torá…
Y cuando no hay palabras – hay palabras. Palabras antiguas y sagradas.
Esta mañana, como hacemos a cada día durante la festividad de Sucot, después de la oración de Shajarit-oración de la mañana, recitamos el Hallel. Estos son capítulos de los Salmos que nos han acompañado durante miles de años.
Muchos de nosotros los hemos recitado ayer por la mañana, precisamente en los minutos en que se desarrollaba el drama en el cielo.
Todos estamos invitados a recitarlos esta mañana y a pensar en cada palabra. Por ejemplo:
“Porque Tú has librado mi alma de la muerte…”
“Den gracias al Señor porque es bueno, porque Su bondad es eterna…”
“Del Señor ha venido esto; es maravilloso a nuestros ojos…”
“Éste es el día que hizo el Señor; alegrémonos y regocijémonos en él…”
Y hacia el final llega nuestra petición de que sigan llegando más y más éxitos y salvaciones:
“Por favor, Señor, sálvanos; por favor, Señor, haznos prosperar.”
Amén.
Que siempre sepamos agradecer.
















