Foto: Ilustración de contexto informático: un procesador convencional Intel. No es un equipo del laboratorio de Zoran ni una imagen de su investigación. Crédito: Slejven Djurakovic / Unsplash, vía Israel Económico
Amit Zoran, de la Universidad Hebrea, examina lo que cambia cuando una herramienta permite producir obras sin el aprendizaje tradicional. El debate se desarrolla mientras crece la formación tecnológica en Israel.
El profesor Amit Zoran, de la Universidad Hebrea de Jerusalem, plantea que la inteligencia artificial puede producir obras sofisticadas sin reproducir el proceso de formación personal que antes exigía realizarlas. The Jerusalem Post presentó el 31 de octubre su trabajo publicado en AI & Society. La propuesta centra la discusión en la experiencia de crear, además del resultado que finalmente observa un público.
Zoran estudia la relación entre herramientas computacionales y prácticas humanas. La cobertura describe una reflexión académica sobre creatividad y tecnología, no una prueba clínica ni una medición universal de los efectos de la IA. Su planteo abre preguntas sobre cómo evaluar estas herramientas y qué experiencias permiten desarrollar, además de la rapidez con que generan un producto.
Como contexto educativo separado, Israel Económico informó el 31 de octubre que el Technion iniciará el ciclo 2026-2027 con 2.400 nuevos estudiantes de grado, un récord anunciado por la institución. La preparación para la era de la IA figura entre sus prioridades. Es una noticia sobre formación científica y tecnológica, no una participación del Technion en el trabajo de Zoran.
La cobertura también registra mayor demanda en Física e Ingeniería de Materiales y el ingreso de reservistas mediante un programa especial. Son datos institucionales de admisiones, no resultados de una investigación. Aportan otra escala a la discusión: mientras se examina qué cambia en las prácticas humanas, se prepara a nuevas generaciones para trabajar con herramientas que modifican esas prácticas.
Una distinción útil para el lector es la que separa terminar una tarea de aprender a hacerla. El resultado puede satisfacer una necesidad inmediata, mientras el aprendizaje modifica las posibilidades futuras de una persona. En una actividad educativa, disponer de un producto correcto no siempre permite saber qué conocimientos conserva quien participó en su elaboración. La respuesta depende del propósito de la tarea y de cómo se organiza.
Por eso, la discusión no se agota en aceptar o rechazar una tecnología. Un sistema puede facilitar la experimentación y cambiar, al mismo tiempo, el tipo de esfuerzo que exige. Examinar esas diferencias permite decidir para qué se lo utiliza y qué parte del proceso se quiere preservar. Elegir, interpretar y revisar también son actividades que requieren criterio, incluso cuando la ejecución técnica se vuelve más rápida.
El aporte israelí presentado por la cobertura consiste en formular ese problema para su análisis. La expansión de la formación tecnológica ofrece un contexto relevante para seguirlo, sin demostrar de antemano cómo se resolverá. La IA amplía lo que puede producirse; el debate académico recuerda que también importa qué experiencias y capacidades se construyen mientras se produce.
















