La porción diaria
Sivan Rahav Meir
La porción de la Torá que leemos esta semana es Parashat Vaigash, la undécima Parashá de las doce porciones del libro de Bereshit, el libro de Génesis. Nos acercamos al final del primer libro de la Torá. Esta Parashá es considerada especialmente emotiva: comienza con las palabras “Y Yehudá se acercó a él” —Yehudá habla con Yosef y cambia la dirección de la historia familiar para bien.
Después de 22 años de separación, Yosef y sus hermanos se reconcilian. La primera familia del pueblo de Israel logra reparar y resolver la grave crisis que atravesó, transmitiendo un mensaje para todos nosotros. Nuestros comentaristas explican que Yosef esperó tanto tiempo para que los hermanos, que lo rechazaron y lo vendieron, comprendieran el significado de sus actos y los corrigieran, de modo que la reconciliación fuera auténtica.
Más adelante en la Parashá, Yosef también se reencuentra con su padre, Yaacov. Esta unidad familiar es importante, pero, al mismo tiempo comienza un nuevo desafío: el exilio. Todo el pueblo de Israel se encuentra ahora en Egipto. Sólo en el libro de Éxodo comenzará la historia de la salida de Egipto, de la esclavitud a la redención.
Ya estamos en el mes de Tevet, y el próximo martes será el ayuno del 10 de Tevet, el día en que comenzó el sitio a las murallas de Jerusalem, antes de la destrucción. En nuestra generación, este día es también el “Día General del Kadish” en memoria de todos los que fueron asesinados en el Holocausto y cuya fecha de fallecimiento es desconocida.
Y aunque ya parezca algo del pasado, hace un domingo atrás encendíamos la octava vela de Janucá. Es una oportunidad de recordar y preguntarnos: ¿qué luz judía nos llevamos este año de Janucá?
Y ahora, hacia la luz de las velas de Shabat.
Shabat Shalom.
















