La porción diaria
Sivan Rahav Meir
En la Parashá de la semana, nuestro patriarca Yaacov se despide de sus hijos antes de su fallecimiento y los bendice. Pero algunos de ellos no escuchan de él una bendición, sino una reprimenda, palabras de crítica. ¿Así se despide uno? ¿Qué sucede aquí? El rabino Shlomó Wolbe explica:
“El tema más profundo en ser humano son sus cualidades, la raíz de su alma. Antes de su fallecimiento, nuestro patriarca Yaacov reveló a sus hijos cuáles son los rasgos de su personalidad. Una persona puede vivir toda su vida sin saber esto sobre sí misma. Y la bendición más grande que una persona puede recibir es saber realmente cuáles son sus virtudes y cuáles son sus defectos.
Cuando se le dice a alguien de qué rasgo de su personalidad debe cuidarse, esto puede construir a la persona para toda su vida. Sólo cuando conocemos nuestras carencias, nuestras fallas, podemos salvarnos de ellas y corregirlas. Y esto es una inmensa bendición.”
Así que, la bendición consiste ante todo en conocernos de verdad, en profundidad. En la semana en la que la Parashá describe con gran detalle el momento en el que los doce hijos de Yaacov son bendecidos, también nosotros podemos preguntarnos: ¿cuáles son nuestras virtudes? ¿Cuáles son nuestros defectos? Y a partir de ello, ¿cuál es nuestra misión en el mundo?
















