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La plaga número once

La plaga número once

Rab Yosef Bitton

Rabbán Gamliel dice que hay tres conceptos que debemos mencionar en el Seder de Pésaj para cumplir con la obligación de enseñar a nuestros hijos la historia de nuestro Éxodo de Egipto: Pésaj, Matsá y Maror.

“Maror” representa la esclavitud que sufrimos los israelitas a manos de los egipcios.

“Matsá” nos recuerda la libertad que Di’s le otorgó al pueblo de Israel mediante la intervención divina.

¿Pero qué es y qué significa Pésaj?

Pésaj es lo que el pueblo de Israel hizo para sí mismo. El Korbán Pésaj fue el sacrificio, la ofrenda que los judíos hicieron para merecer su libertad.

Veamos. Di’s les ordena a los israelitas tomar un cordero, una oveja joven, y llevarlo a sus casas. En la víspera del 15 de Nisán, ese cordero debía ser sacrificado, asado y consumido por los esclavos judíos, y su sangre debía ser aplicada a los postes y dinteles de las puertas, “del lado de afuera”. Si hacían esto, Di’s protegería sus casas contra la plaga de los primogénitos; nadie moriría esa noche, y esa familia merecería salir de la esclavitud de Egipto hacia la libertad.

Mitología egipcia

Para comprender maduramente Pésaj, es necesario adentrarse un poco en la mitología egipcia. Los egipcios tenían un panteón de dioses: el río Nilo (Hapi), el sol (Ra), el polvo de la tierra (Geb), y muchos dioses representados por animales, como Heket, una rana con cuerpo humano que representaba la fertilidad. Cuando Di’s trajo las diez plagas a Egipto, cada una de ellas fue dirigida específicamente a uno de estos dioses egipcios. Dios primero afectó al dios Nilo y “lo hizo sangrar”, la principal fuente de vida se tranformó en una fuente de muerte. Luego Di’s trajo a las ranas, haciéndolas reproducir en tal cantidad que invadieron y devastaron Egipto. Después, Moshé tomó un poco de la tierra sagrada de Egipto y la convirtió en piojos, lo que demostró que Geb se había vuelto contra Egipto. Así, uno por uno, los dioses egipcios eran vencidos o transformados en plagas incontrolables. La novena plaga, la oscuridad, mostró que el dios Ra era impotente ante el Di’s de Israel. Finalmente, Di’s trajo la muerte de los primogénitos, que eran los sacerdotes que en cada familia estaban dedicados al culto de sus dioses.

Carneros sagrados

Volvamos a Pésaj. Los egipcios tenían un animal al cual adoraban sobre todos los demás: el carnero, el macho de la oveja, famoso por su virilidad (puede reproducirse solo con hasta 50 ovejas). En todas las culturas paganas, el carnero representaba la masculinidad, la reproducción sexual y la creación de la vida. Para los egipcios, Amón, el dios carnero, había creado a los primeros seres humanos. Según Wikipedia, “El espíritu viviente de Ra en forma de carnero es un símbolo de su virilidad y vigor sexual como creador”.

¿Qué hizo Di’s para neutralizar y demostrar la falsedad de este dios tan importante para los egipcios? Les pidió a los judíos que tomaran un cordero, es decir, un carnero joven, lo sacrificaran y expusieran su sangre en las puertas a la vista de todo Egipto. En otras palabras, los judíos debían llevar a cabo “la plaga número 11”: sacrificar con sus propias manos al gran dios egipcio Amón.

El golpe (maká) psicológico

Para los egipcios ésta debe haber sido una plaga psicológicamente devastadora, ya que “sus esclavos” estaban tomando y sacrificando uno de los símbolos culturales más importantes de su sociedad y su culto.

Para los esclavos judíos la orden de tomar y sacrificar un cordero fue la prueba final: ahora tenían que demostrar que lo que habían presenciado durante las diez plagas —que HaShem es el verdadero Di’s y los dioses egipcios son pura imaginación– había surgido efecto y estaban preparados para desconectarse de la religión pagana de Egipto y conectarse al Di’s de Abraham, Isaac, y Jacob, el verdadero Creador del mundo y de la vida.

Si los judíos se animaban a tomar y sacrificar el cordero ¡se habían liberados mentalmente de Egipto! Y viceversa.

La noche del Séder recordamos el sacrificio de Pésaj, ese increíble evento que tuvimos la valentía de hacer para merecer nuestra libertad.

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