Arqueólogos egipcios han descubierto una estatua de Ramsés II —el faraón más conocido como el faraón de Yetzias Mitzrayim— en el yacimiento arqueológico de Tel Faraon, cerca de El Husseiniya, en el delta del Nilo, según anunció el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.
La estatua está incompleta, le faltan las piernas y la base, pero sigue siendo un hallazgo imponente. Según las primeras evaluaciones de Hisham el-Leithy, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, la estatua pesa aproximadamente entre cinco y seis toneladas y mide unos 2,20 metros de altura. Incluso en su estado deteriorado, los rasgos que conserva exhiben lo que el-Leithy describió como «rasgos artísticos y regios», lo que sugiere que la estatua formó parte de un conjunto escultórico mayor conocido como Tríada, similar a otros descubiertos anteriormente en la gobernación de Sharqia.
Tel Faraón —conocida en la antigüedad como la ciudad de Imet, la antigua capital del XIX Nomo del Bajo Egipto— se encuentra al sur de Tanis, en el delta del Nilo. Los arqueólogos creen que la estatua fue transportada originalmente desde Pi-Ramsés, capital de la XIX dinastía egipcia, hasta Imet, donde se reutilizó en un templo local. El-Leithy afirmó que el descubrimiento «arroja luz sobre aspectos de la actividad religiosa y real en la región oriental del delta» y ayuda a los historiadores a comprender mejor cómo se trasladaban y reutilizaban las estatuas reales durante el período del Nuevo Reino.
Mohamed Abdel Badie, director del Sector de Antigüedades Egipcias del Consejo Supremo de Antigüedades, afirmó que el hallazgo refleja la “importancia religiosa e histórica del sitio a lo largo de diferentes épocas”. La estatua ha sido trasladada a un depósito de museo en la zona de San Al-Hajar para su conservación y posterior estudio.
Este descubrimiento se suma a una serie de hallazgos extraordinarios en Tel Faraon. En septiembre de 2025, arqueólogos del mismo yacimiento descubrieron una estela de arenisca con el texto jeroglífico completo del Decreto de Canopus, un documento emitido por sacerdotes egipcios en el año 238 a. C. durante el reinado de Ptolomeo III. El decreto abordaba asuntos militares, la distribución de grano durante las sequías, la reducción de impuestos y las festividades religiosas. Cabe destacar que proponía añadir un día al calendario cada cuatro años, anticipando lo que más tarde se convertiría en el calendario juliano. Funcionarios del ministerio calificaron este hallazgo como un descubrimiento que “abre nuevos horizontes para la comprensión del antiguo idioma egipcio”.
















