En la última década, el mapa urbano de Israel, marcado por necesidades urgentes de seguridad y también por un histórico proceso de inmigración, experimentó una transformación profunda y desigual: el volumen nacional de viviendas creció un 22 por ciento desde el 2015 pero algunas ciudades se hicieron inalcanzables y otra, desconocida, saltó un 38 por ciento.
Para satisfacer las necesidades de una población que pasó de apenas 8,5 millones de habitantes en el 2015 a los 10,2 millones actuales, el ritmo nacional de construcción promedió las 55.000 viviendas anuales, con una tendencia al alza que se intensificó en los últimos cinco años.
A pesar del surgimiento de nuevos polos habitacionales, la concentración urbana se mantiene firme: una octava parte de todas las nuevas propiedades se edificó en Jerusalem y Tel Aviv.
Sólo en la capital, Jerusalem, se sumaron 40.000 unidades, un volumen equivalente a toda la ciudad de Kfar Saba, subrayando que el crecimiento del país se juega tanto en la creación de nuevas ciudades como en la densificación de sus núcleos históricos.
En ocasión del cumpleaños número 78 de Israel, un nuevo día de la independencia, el portal Globes preparó un estudio en base a los datos de la oficina nacional de estadísticas que presentó varios puntos interesantes.
El super-crecimiento de Harish
Por ejemplo, el informe destaca el caso de Harish, una localidad hasta hace poco prácticamente desconocida a nivel nacional, como un fenómeno sin precedentes: la ciudad pasó de tener apenas 300 viviendas en el 2015 a casi 12.000 en la actualidad, multiplicando su tamaño por treinta y ocho.
“Quien no haya visitado esta ciudad en años, probablemente hoy no la reconocería: es la ‘ciudad de la década’, la que experimentó el cambio más agudo” del periodo, describió el informe.
Foto: Una torre de apartamentos de lujo en construcción en Jerusalem (Foto: Nimrod Levi / Yoma Architects)
Junto a Harish, localidades como Be’er Ya’akov y Rosh HaAyin también transformaron su fisonomía al duplicar su parque habitacional, sumando más de 18.000 unidades entre ambas. Estos crecimientos meteóricos no fueron aislados, ya que ciudades como Netivot, Or Akiva y Tirat Carmel registraron expansiones superiores al 70 por ciento, convirtiendo antiguos terrenos baldíos o agrícolas en barrios enteros en menos de una década.
Las que se están quedando atrás
El reporte de Globes también pone la lupa sobre el otro extremo del espectro: ciudades que quedaron rezagadas en esta carrera constructora. Elad lidera esa lista con un crecimiento de apenas el 2 por ciento (unas 140 viviendas nuevas), principalmente por el agotamiento de sus reservas de tierra.
En el centro del país, Bat Yam y Givatayim registraron aumentos de un sólo dígito —seis y nueve por ciento respectivamente—, un ritmo llamativamente bajo para zonas de alta demanda, explicado en parte por políticas locales de planificación más conservadoras o proyectos de renovación urbana de larga ejecución.
Otros casos, como el de Arad con un siete por ciento de incremento, reflejan cambios en la dinámica poblacional y una demanda que no logró traccionar nuevos grandes proyectos, completando así un mapa de Israel que, aunque crece con fuerza, lo hace con una asimetría notable.
Más allá de las cifras, el informe deja una conclusión inquietante sobre la gestión urbana: el crecimiento no siempre es sinónimo de evolución. Mientras ciudades como Netanya o Petah Tikva sumaron más de 10.000 viviendas sin alterar su fisonomía, otras quedan atrapadas en auditorías técnicas y cambios de métodos de conteo que ocultan la realidad del terreno.
En última instancia, el mapa de Globes demuestra que en Israel no falta voluntad de construcción, sino una distribución estratégica que impida que el país se divida definitivamente entre ciudades que se reinventan y núcleos históricos que parecen haber tocado su propio techo.
Según el portal, “mientras algunas ciudades cambiaron hasta ser casi irreconocibles, otras quedaron atrás con un ritmo de desarrollo significativamente más lento que el promedio general”, dejando planteado el desafío de cómo equilibrar el futuro urbano del país.
(Israel económico)
















